Un eurodiputado polaco afirma “Las mujeres deben cobrar menos porque son menos inteligentes”

Una desdichada intervención de un eurodiputado sobre la condición de la mujer frente al hombre, ha puesto, una vez más, en primer plano, el machismo, algo ante lo que no podemos permanecer indiferentes.

Machismo en la Eurocámara

Nada más oír la noticia me vino a la mente la frase de un humorista y pensé: este hombre es “mu tonto”. Y, lo malo, es que algunas mujeres también piensan de esa manera, afortunadamente cada vez son menos. Las que todavía lo hacen así es porque tienen inoculado el virus del machismo desde hace mucho y desde muy pequeñas.

Pero, perdóname, me he dejado llevar por el cabreo y no te he dicho por qué, aunque quizá ya lo sepas: un eurodiputado polaco se ha permitido el lujo de decir que “las mujeres deben ganar menos porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”. Y el tío se ha quedado tan ancho.

Cada vez que lo recuerdo me enciendo. También se me ocurrió pensar: “serán las mujeres polacas, no las españolas”; pero enseguida me di cuenta que reaccionar así era entrar en el mismo mal juego, era añadir racismo (las polacas) a machismo (las mujeres); porque eso es lo que quiere este tipo de personajillos, que caigamos en las redes de su perverso pensamiento y terminemos razonando de la misma manera; en definitiva, persiguen el enfrentamiento y no el entendimiento.

Unir en positivo

Para conseguir mejores niveles de igualdad habría que negar la mayor, como hacían los escolásticos de la Edad Media, y afirmar con toda la fuerza posible: las mujeres deben ganar lo mismo que los hombres, porque no son más débiles, ni más pequeñas, ni menos inteligentes que los hombres. O ¿es que no conocen ustedes hombres débiles, pequeños, y poco inteligentes? Pues busquen sin ir más lejos, iba a decir, la foto del subsodicho eurodiputado, pero no lo digo. ¿Ves?: de nuevo me envuelve en sus redes.

Voy a lo positivo, hay mujeres muy fuertes, y no es necesario poner listas de personajes famosos femeninos (que se podría hacer sin dificultad), basta con mirar a nuestro alrededor, quizá a nuestra propia madre, o mujer, o novia, o hermana. La mujer, por lo general, es más fuerte que el hombre; por ejemplo, en el aguante del dolor, del esfuerzo, aunque pueda tener menos fuerza, del sufrimiento.

Hay mujeres muy grandes, y no sólo de tamaño (que también), aunque los hombres nos empeñemos en empequeñecerlas. Son grandes las mujeres que tienen que enfrentarse a la violencia de género, provocada por los hombres. Son grandes las mujeres que han salido y siguen saliendo adelante en un ámbito laboral tan hostil hacia ellas, como a veces les toca sortear. Son grandes las mujeres, porqué no decirlo, que han sacado adelante a sus familias sin recibir, la mayoría de las veces, ni el más mínimo reconocimiento por parte de la sociedad, sin reconocer todavía que el trabajo de educación de los hijos y de mantenimiento del hogar es una profesión como otra cualquier, pero sin sueldo, ni derecho a jubilación.

Hay mujeres muy inteligentes: científicas, literatas, empresarias, políticas… y, si no hay más, es porque los hombres, con nuestros prejuicios y trabas educativas, no las hemos dejado ser. Mujeres con todas las letras, con esa visión especial y cálida que tienen del mundo, de las personas, de la vida. Visión que a nuestra sociedad machista le puede parecer tonta, pero que a nosotros mismos, los hombres, nos ha dado la posibilidad de existir, de vivir, de amar, de crear.

Hay frases, aparentemente inofensivas y positivas sobre la mujer, que encierran su carga de machismo, como esa que dice: “detrás de un gran hombre aparece siempre una gran mujer”. ¿Y por qué detrás y no delante? ¿Por qué no poner, mejor, junto a, al lado de? Y en vez de grande ¿porque no poner auténtico?

Es más positivo afirmar: junto a un auténtico hombre hay siempre una auténtica mujer y viceversa. Tendremos que repetirlo tantas veces como haga falta, para poder desgastar siglos y siglos de machismo en la historia: no es posible el varón sin la mujer, como tampoco es posible la mujer sin el hombre; y no estoy hablando de tendencias sexuales, estoy refiriéndome, simplemente, a hombres y mujeres entendidos como personas, a mi juicio, lo más importante.

Las claves educativas

Y apoyado en la idea de mujeres y hombres, personas iguales, quiero llamar la atención de algo que subyace en el fondo de esta noticia y que me parece tan triste como el ataque a la mujer que estamos comentando. Es el hecho de que algo así pueda darse en el ejercicio de la tarea política, en una institución como la del Parlamento Europeo.

¿Qué está pasando en nuestra sociedad para que elementos así estén llegando a las cámaras de gobierno de nuestros países? ¿Dónde se alimenta el respaldo con el que cuentan? Chocamos con el escabroso tema de la educación que no logra frenar las causas que provocan el machismo. Porque muchos de los que apoyan este tipo de ideas son jóvenes, tanto chicos como chicas, y de todos los estratos sociales. Ya no vale decir que proceden de familias desestructuradas, a no ser que las familias acomodadas estén también desestructuradas.

Y no cabe escudarse ni en la enseñanza escolar, ni en las leyes que legislan estos temas, para hacerle frente; ambas importantísimas, pero, como estamos viendo, insuficientes. Porque las raíces profundas de nuestra educación están en la infancia. ¿Cómo educamos a nuestros niños desde pequeños? ¿Cómo influye en ellos, cuando todavía no van a la escuela, las relaciones que viven en la familia, los valores o antivalores presentes en los medios de comunicación?

Para combatir el machismo, que es algo más vital que intelectual, la educación en casa es esencial, nadie nace machista o maltratador, y los pequeños aprenden por imitación. Quizá haya que dejar de echar la culpa a los demás y asumir cada uno la parte que le toque, tengamos o no tengamos niñas. Hay que desterrar de una vez actitudes y frases como las de “los chicos no lloran” o “para estar bella hay que sufrir”, “ese deporte es de chicos”, “las muñecas son de niñas”…

No se puede ir por ahí presumiendo de tolerante, de igualitario, de respetuoso, de moderno, y luego apoyar a ese tipo de ideologías populistas que se las apañan para despertar los peores instintos que todos llevamos dentro. Es preocupante descubrir que en las sociedades, teóricamente más avanzadas, vuelven a resurgir los peores fantasmas de la historia. Es preciso educar la capacidad de elegir, de ser asertivos y de ser críticos.

Y al eurodiputado, que me he vuelto a acordar de él, solo le diría una cosa: recuerde usted, por un momento, las mujeres de su vida, incluida su madre y las tres mujeres que parece haber tenido (no sé si entre sus ocho hijos, habrá alguna hija), recuérdelas un momento, si todas son débiles, pequeñas y poco inteligentes, lo siento y se lo aseguro: ¡yo he tenido mucha más suerte!

Machismo fuera de la vida pública

Pero para conseguir que escenas tan perversas como esta se repitan, la lucha contra el machismo debe ser total. Nadie puede permitirlo en la esfera privada ya que, solo así, conseguiremos que el mero hecho de que aparezca en la vida pública sea sinónimo de dimisión inmediata. Sin que nadie la exija. Es automático. Como cuando un político bebe alcohol y da positivo en un control. Como cuando alguien roba. Falta mucho para eso pero, si cada uno pone su granito de arena, la montaña anti-machismo será difícil de derribar.

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