Miley Cyrus, la rebelde que destruyó a Hannah Montana

Tal es la obsesión de aniquilar aquel fenómeno Disney que los actos de Cyrus, aunque parezcan premeditados, están fuera de control.

Si se me permite decirlo, la pequeña Cyrus nunca fue el paradigma de la contención y la elegancia. De voz grave, rostro ultraexpresivo y formas un tanto rudas, ya en su etapa de Hannah Montana dejaba entrever un carácter poco angelical. Quizás fue ese derroche de personalidad el que contribuyó a su salto a la fama, aunque bajo el arropo de la factoría Disney es fácil que la estrategia salga bien.

Nacida en 1992, Miley Cyrus sumaba apenas 14 años cuando empezó a interpretar a Miley Stewart. Una chica normal de instituto, una más de tantas, con una doble vida muy especial. Al acabar las clases de transformaba en Hannah Montana, una estrella pop con millones de fans en todo el mundo. Una estrella que, además, traspasó la pequeña pantalla y se convirtió en tal en el mundo real, sumando millones de ventas de sus álbumes en todo el planeta.

Miley estuvo arropada en su aventura televisiva por su padre, el también cantante y actor Billy Ray Cyrus. Un señor con más de 20 años de carrera, pero al que conocíamos en nuestro país por el tema country “Achy Breaky Heart” (o por su versión Coyote Dax, aquella de “no rompas más mi pobre corazón”), y por una serie muy de llenar huecos de parrilla llamada Doc. En Hannah Montana interpretaba el mismo rol que en la vida real: el padre de Miley.

Pero ni la compañía de su padre pudo salvar a la pequeña Miley del “efecto Disney”. Aquel del que se ha librado Anne Hathaway, pero del que podrían escribir libros Lindsay Lohan o Demi Lovato. Sin escándalos tan notables como los de estas dos mozas, Cyrus también se cansó de su imagen de niña buena y tuvo prisa por crecer. Una prisa de la que ya había dado señales desde que los dólares empezaron a acumularse en su cuenta corriente.

Y así es como en apenas tres años ha hecho lo imposible por cambiar su imagen. Al precio que fuera. Y como lo suyo nunca ha sido la delicadeza, ha ido a brochazo gordo. Videoclips de una sexualidad explícita, apariciones en público muy ligerita de ropa, un corte de pelo radical al estilo pixie, y su lengua como seña de identidad. Puerta abierta al universo para que conozca sus amígdalas.

Que el mundo sepa que Hannah ha muerto. Esa ha sido su gran obsesión, y así lo demostró este mes de agosto en los MTV Video Music Awards. Tras un baile de lo más provocativo en compañía de ositos de peluche gigantes, se quedó prácticamente al desnudo con un biquini color carne y le dedicó un baile caliente a Robin Thicke más propio de una barra americana que de un fenómeno adolescente.

Con Hannah en el hoyo, solo quedaba enterrar bien hondo su cadáver. Dejar que criara gusanos en el olvido. Para ello decidió aprovechar que la gala de los MTV Awards europeos se celebraba en Ámsterdam para fumar un cigarrillo de marihuana en pleno escenario. Con total premeditación.

Miley tendrá que pagar una multa por su acto, pero seguro que para ella lo conseguido no tiene precio. Por fin es un referente erótico y de la moda más rebelde, y una fuente de polémica. Amada por algunos, odiada por muchos. Pero lo cierto es que, más que personalidad, lo que derrochan sus esfuerzos es ingenuidad. Porque todos menos ella vemos que ha tomado un camino demasiado peligroso.

Y a vosotras, ¿qué os parece la metamorfosis de Hannah Montana?

Foto: DanielAtun

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