Soja por todas partes

Cada vez es más popular. A medida que pasa el tiempo, oír a hablar de la soja se ha convertido en algo cada vez más habitual. Pero, ¿Por qué? El caso es que la soja reúne en sí misma una multitud de virtudes nutritivas que habría que destacar: es fuente de proteínas de calidad, a la vez que de fibra y grasas que protegen el corazón. Pero a estas virtudes nutritivas hay que sumarle la versatilidad de sus presentaciones culinarias. Se puede tomar yogur de soja, tofu, leche, natto… Vayamos a por los detalles.

El natto es una preparación de habas de soja fermentadas con cualidades anticoagulantes de la sangre

El yogur de soja se obtiene de la misma forma que el de vaca: inoculando a la leche tibia fermentos activos que la transforman y la hacen más digerible. Lo bueno es que la leche de soja no tiene lactosa, por lo que es bueno para esas personas que son intolerantes a ella o para los que no les sienta demasiado bien la leche. Además, a diferencia de los postres de soja elaborados con espesantes pero no con fermentos activos, los yogures de esta planta herbácea no son nada gelatinosos, sino suaves y muy cremosos.

Otra opción son las salsas de soja conocidas como ‘shoyu’, el resultado de una larga y compleja fermentación que dura más de un año y que deriva en una salsa salada, con regusto a carne, muy beneficiosa para el sistema digestivo y para realzar el sabor de otros alimentos. El miso es otra variedad obtenida de la soja fermentada. En este caso, a la planta se le suma un hongo del género ‘Aspergilus’ para obtener el misu, una pasta salada muy rica en enzimas que ayuda a digerir los alimentos ya que mejora la flora intestinal.

Más conocido es el tofu, el “queso de soja” que se obtiene coagulando la leche de soja con sales de calcio y prensando el cuajo obtenido. Normalmente se condimenta a posteriori dado que su sabor es neutro. Con él se elaboran hamburguesas, albóndigas y embutidos, además de utilizarse como base de muchas salsas.

Por último, el natto son habas de soja fermentadas que tienen una apariencia viscosa y filamentosa. Para elaborarlas es necesario cocinar las habas de soja, inoculando unos bacilos y dejándolos a 40º durante 20 horas. Puede cocinarse con verduras o en sopa y suele servirse como complemento del arroz, los tallarines, las ensaladas o las sopas.

Foto: Snowpea&Bokchoi en Flickr

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