3 alimentos que debes eliminar de tu dieta para estar más sana

¡Eres de las que piensan que nadie debe decirte qué comer? Estás en tu derecho, pero también en el deber de reconocer cuáles de los alimentos que incluyes en la dieta diaria perjudican tu salud. Estos son algunos de los más nocivos.

3 alimentos que debes eliminar de tu dieta para estar más sana

Si has decidido tomar las riendas de tu alimentación y apostar por una dieta sana y balanceada, lo primero que debes hacer es eliminar de la lista de compras aquellos productos que perjudican a tu organismo, haciéndolo trabajar en exceso y ocasionando enfermedades crónicas degenerativas. ¿Sabes cuáles son? te sorprenderás al reconocer que generalmente te atiborras de ellos.

Azúcares y harinas refinadas, grasas trans, leche y otros derivados lácteos son, a pesar de las creencias y gustos, alimentos que atentan contra tu salud, aumentan el peso y favorecen el desarrollo de patologías cardiovasculares, diabetes y obesidad, entre otras.

Un dulce que mata

Altas dosis de azúcar en la sangre pueden provocar resistencia a la insulina, estimulando la secreción brusca e intensa de ésta, al tiempo que crea las condiciones para la aparición de sobrepeso, diabetes y otras afecciones. El consumo de azúcar y harinas refinadas produce inflamación y, como si fuera poco, acelera el crecimiento de células buenas y malas (tumorales o cancerígenas), permitiendo en el último caso apropiarse de los tejidos vecinos. ¿Delicado verdad?

Saca de tu despensa y de tu dieta aquellos productos que contengan azúcar y harinas refinadas, como gaseosas, bollerías y procesados. Refrescos y zumos azucarados -incluyendo los light- son portadores de las llamadas calorías vacías, principales desencadenantes de la obesidad mórbida, del deterioro de los huesos y la formación de caries, por mencionar sólo algunos de sus efectos nocivos.

En su fase de procesamiento, las harinas refinadas pierden hierro, calcio y fósforo, inclusive las vitaminas propias del grano. De modo que cuando llegan a la mesa de manera reiterativa, encienden una alerta ante la celiaquía, la diabetes, la depresión y la hipertensión.

El peligro de las grasas trans

Dile adiós a las grasas trans. Tu organismo no ha sido diseñado para resistir grasas hidrogenadas y grasas trans, difíciles de digerir, y que sólo sirven para incrementar los niveles de colesterol malo y triglicéridos. Ciertamente la bollería industrial es una de las más ricas y atrayentes, pero también una de las más perjudiciales por estar saturada de dichas grasas.

Ni hablar de las mantequillas y margarinas, que aunque han mejorado mucho en sus procesos de producción y prácticamente se ha eliminado la hidrogenación en su elaboración, siguen siendo alimentos muy calóricos de los que es mejor no abusar.

Otro alimento con altas dosis de azúcar, grasas hidrogenadas y leche que debes obviar, es el chocolate blanco. Sustitúyelo por el chocolate normal o negro. Completa tu menú con grasas saludables, como las contenidas en aguacate, aceitunas, coco, frutos secos y semillas.

La leche entera no es tan buena

Aunque difícil de creer, al prescindir de la leche de vaca estarás reduciendo los riesgos de padecer ciertas enfermedades, pues ésta contiene altas cantidades de calorías y grasas saturadas que alteran negativamente el colesterol malo.

La leche entera es rica en calcio, potasio y vitamina D, pero también genera intolerancia a la lactosa y daño a las células de la pared intestinal (hiperpermeabilidad intestinal), por el exceso de la proteína caseína. Ésta y otras proteínas lácteas agotan el sistema inmune, dejándolo expuesto a infecciones, males respiratorios, diabetes, alergias y tumoraciones. Por eso, se relaciona comúnmente el consumo de azúcar, grasas y leche al desarrollo de las células cancerígenas.

Saca de tu mente la idea de que entre más leche más calcio y huesos más fuertes. Quizás desconoces que el organismo utiliza sales básicas del hueso para digerir y/o compensar la acidez generada por las proteínas lácteas. De esta manera se desmineraliza y, en ocasiones, cede espacio a la osteoporosis. Sustituye la leche por otros alimentos ricos en calcio, entre ellos sardinas, semillas de sésamo y cereales integrales.

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