Ansiedad sexual, un problema de presión

La ansiedad sexual es un tipo de trastorno en el que una persona está tan preocupada por las relaciones sexuales que no es capaz de disfrutar de ellas, lo que además provoca algún tipo de disfunción sexual.

El sexo es un arma de doble filo. Por un lado y si es placentero, lubrica la relación entre una pareja y la eleva unos cuantos niveles; por otro lado, y si no es satisfactorio, puede convertirse en fuente de problemas e incluso ser motivo de ruptura. Es quizá por la importancia que damos a las relaciones sexuales que algunas personas sienten una presión excesiva a la hora de practicarlas. Miedos, ansiedades, presiones, dudas, falta de comunicación… son factores que merman la capacidad de disfrute de una pareja en la cama. En este sentido encontramos la ansiedad sexual, un tipo de trastorno en el que la persona está demasiado preocupada por las relaciones sexuales. Esta preocupación puede darse por diferentes motivos aunque todos tienen un aspecto común: causan disfunciones sexuales que pueden llegar a ser persistentes. ¿Cuáles son estos motivos? Aquí tenemos unos cuantos ejemplos:

La preocupación por un posible fracaso sexual es uno de los principales motivos de ansiedad sexual


Preocupación por un posible fracaso sexual: uno de los motivos más comunes. Añade una presión innecesaria en la persona e impide que ésta pueda disfrutar de las relaciones.

La influencia cultural y la educación represiva: haber crecido en un ambiente en el que se trata el sexo como un ‘tabú’ puede influir de forma negativa en nuestras relaciones.

Actitudes negativas y perjuicios hacia la sexualidad

Miedos y falta de información sexual: La falta de información suele acarrear dos posicionamientos contrapuestos; por un lado el miedo excesivo por desconocimiento y por otro la relajación o confianza excesiva, también por desinformación.

Miedo al embarazo

Falta de habilidades sexuales y prácticas sexuales inadecuadas.

Factores emocionales: como la depresión o el miedo a perder el control.

Inseguridad hacia uno mismo, problemas de autoestima: un aspecto que influye desde el primer momento, por ejemplo, con los complejos y la vergüenza que sentimos al vernos desnudos ante otra persona.

Problemas en la relación de pareja: entre los que encontramos los resentimientos y la falta de comunicación.

Circunstancias inadecuadas: lugares, momentos, situaciones…

Solucionar este problema no es tarea fácil. Lo primero que hay que hacer es intentar ponerle remedio nosotros mismos: relajarnos y hablar con nuestra pareja nos será de mucha ayuda. Pero si los problemas persisten existen terapias sexuales dirigidas a disminuir la ansiedad a través de una adecuada educación e información. Estas terapias ayuda a disminuir los miedos, los prejuicios y el rechazo que podamos sentir hacia nosotros mismos. En cualquiera de los casos, se trata de romper un círculo vicioso en el que la ansiedad sexual provoca un fracaso en la relación sexual, este fracaso una disfunción sexual que nos vuelve a llevar al inicio: a la ansiedad sexual. Romper con esta rutina es básico para salir de ella.

Foto: Rob Boudon a Flickr

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