Ansiedad y claves para no comer sin hambre

La ansiedad es de lo peor que nos puede pasar, porque nos lleva muchas veces asaltar la nevera sin tener hambre. Y aunque se considere que no hay nada que hacer, la ansiedad se puede vencer.

Muchas veces el picoteo es síntoma de ansiedad
Simplemente nos podemos acordar de cuando éramos pequeñas y lo que nos ocurría cuando teníamos un pequeño percance y nos echábamos a llorar. Siempre aparecía mamá o papá ofreciéndonos algo para calmarnos y consolarnos.

Ahora de mayores acudimos a la despensa sin hambre real. Y es que, ante cualquier situación peligrosa o que atente contra nuestra estabilidad o preocupaciones diarias, el cerebro reacciona buscando seguridad y en este caso en la comida.

Es normal confundir el hambre con los antojos, más propios de la mujer embarazada. Pero si de verdad es apetito, no somos selectivos con el tipo de alimentos, en cambio cuando tenemos un antojo, queremos consumir un tipo de alimento concreto. Y si nos ataca la ansiedad, es muy probable que comamos muy deprisa y que se acabe mezclando dulce y salado sin ningún orden. Otro detalles que es, por mucho que comas, el estomago parece seguir vacio.

Para controlar esos momentos de ansiedad derivados posiblemente por la angustia, el estrés o la baja autoestima, es muy posible tomar consciencia de todo lo que ocurre antes de llegar a este momento crítico. Así aprenderás a identificarlo y controlarlo a tiempo. Para ello, cada vez que experimentes ese impulso irrefrenable por comer anota detalladamente que estás sintiendo, necesidad imperiosa de llevarte algo a la boca, deseos de masticar, de morder, de notar sabores fuertes.

Desde luego que los momentos más críticos son durante la tarde o la noche. Por la tarde se cae en el picoteo, ya que ese momento de tranquilidad lo favorece. Si a eso le unimos que nos relajamos excesivamente y muchas veces nos sentamos en el sofá para ver la televisión y desconectar del esfuerzo realizado durante toda la jornada, tenemos la mezcla perfecta para acabar haciendo una comida extra que en realidad no necesitábamos. Si te ocurre, procura frenar y no dejes de merendar bien o de cenar.

También se puede recurrir a los chicles o incluso a los bombones saciantes. Contienen sustancias que envían mensajes al cerebro y al aparato digestivo avisando de que ya no hay apetito.

Imagen | Editorial J

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