Astenia primaveral

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La llegada de la primavera trae consigo cambios que pueden suponer importantes alteraciones para el organismo, como es el caso de la astenia primaveral. Este trastorno, que se caracteriza por un profundo cansancio, agotamiento, decaimiento y falta de energía para realizar la actividad habitual, afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres.

La astenia puede ser síntoma de enfermedades orgánicas o psicológicas, y puede estar provocada por factores externos, como el estrés, la sobrecarga laboral, la hiperactividad o el sobreentrenamiento deportivo. A pesar de su elevada incidencia, la astenia primaveral es de carácter leve y remite al cabo de pocos días.

Aunque existen muchas modalidades de fatiga de mayor o menor intensidad, en el caso de la astenia primaveral suele ser una fatiga de carácter leve, de causas difíciles de concretar y, al parecer, relacionadas con el cambio climático que tiene lugar en esta época del año. Debemos estar atentos de algunos signos que nos advierten que nuestras defensas están bajas: los fumadores pueden tener dolor de garganta dando la impresión de estar cogiendo un resfriado que al final no llega, pueden aparecer pupas en los labios, cansancio mayor de la habitual, heridas que tardan en cicatrizar, dolores musculares sin haber hecho ejercicio, etc.

Según los expertos, la razón de este decaimiento es una disminución notable de los niveles en sangre de unas sustancias denominadas endorfinas. Las endorfinas, conocidas coloquialmente como hormonas de la felicidad o del bienestar, se producen en el cerebro como respuesta a diversos estímulos y son capaces de retrasar la sensación de cansancio y aumentar el umbral del dolor. El porqué las endorfinas disminuyen en sangre puede estar motivada por multitud de causas, pero conviene analizarlas y contrarrestarlas para evitar males mayores.

En cuanto a los tratamientos, no es necesario ninguno, ya que la astenia primaveral cede conforme el organismo se va adaptando y esto puede durar unos días o varias semanas. De todas formas, no cabe duda de que el mejor tratamiento sea la prevención y, en este sentido, se aconseja tener un estilo de vida saludable: seguir una dieta equilibrada, respetar los horarios de las comidas, dormir las horas necesarias y hacer ejercicio físico de forma regular. Estos hábitos son fundamentales a la hora de prevenir o combatir este trastorno.

Imagen | LordFerguson

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