Calcio y pescado azul, muy buenos para la leche materna

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El dar de mamar a nuestro bebé no es un acto insignificante, ya que está contribuyendo a recuperarse más rápido del parto y a reforzar el sistema inmunitario de su hijo. Durante el tiempo que damos el pecho a nuestro bebé debemos tener muy presente que todo aquello que comamos puede mejorar o empeorar el alimento de nuestro bebé.

Si ésta es nuestra decisión, automáticamente nos aparece una pregunta en la cabeza: ¿debemos aumentar la cantidad diaria de calorías? La respuesta es sí, debemos incrementar las calorías que tomamos, ya que las necesidades energéticas de la madre lactante son proporcionales a la cantidad de leche producida, que ronda en 85 calorías por cada cien mililitros de leche materna.

Concretamente, consumir un 25% de calorías extra y seguir el patrón dietético de la pirámide alimentaria garantiza la buena calidad de la leche materna. Además, conviene evitar productos fuertes como el puerro, los pimientos y la coliflor, entre otros, porque cambian el color y el sabor de la leche. Las necesidades de incremento de la energía son inferiores a los requerimientos de nutrientes, por lo que se deben tomar alimentos más ricos en vitaminas y minerales, y disminuir la ingesta de calorías vacías. Lo más recomendable que puede hacer es seguir una dieta variada, siguiendo el modelo de la pirámide alimentaria. Por tanto, equilibrio y variedad ha de regir la dieta de la madre durante el tiempo que de el pecho a su hijo.

Una de las incognitas que rodea a este tema reside en hasta qué punto lo que la madre tome pasa a la leche y pueda, incluso, mejorar o empeorar la calidad. Pues bien, el carácter del alimento siempre es bastante constante y no cambia sustancialmente por la dieta. Sin embargo, la madre debe tomar, tanto en el embarazo como al amamantar, una cantidad suficiente de pescado a la semana, al menos dos días, porque los ácidos grasos beneficiosos tipo omega-3 y 6 los transmitirá al niño.

Pese a los innumerables mitos que rodean a este tema, los expertos sostienen que hay que tener cierta prudencia con determinados alimentos porque, las coles, la coliflor, el repollo, los espárragos, las alcachofas, las cebollas, los nabos, el apio, el puerro o los pimientos, entre otros, pueden producir cambios en el color o sabor de la leche y provocar el rechazo por parte del niño, por lo que lo mejor es que la madre los reduzca o los elimine de la dieta. De lo que sí hay que abstenerse por completo es de todo tipo de sustancias tóxicas como el alcohol, el tabaco y, por supuesto, las drogas con el fin de evitar que pasen a la leche.

Imagen | renata-twist

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