Colesterol… el bueno, el feo y el malo

Hay aún muchos mitos sobre el colesterol, cómo reducir los índices del que nos es perjudicial y los hábitos saludables que debemos incorporar

El colesterol es uno de esos nombres genéricos que se suelen citar en la visita al médico a partir de cierta edad y que nos indica que no marchamos del todo bien. Pero técnicamente, el colesterol es un esterol (lípido) que se encuentra en la sangre y algunos tejidos de los humanos (y algunos animales) y que resulta fundamental para el buen funcionamiento del organismo, en operaciones tan necesarias como la creación de la Vitamina D y las hormonas. Pero evidentemente, como todo en la sabia naturaleza, ha de haber un equilibrio para que la cosa funcione apropiadamente. De esta manera, aunque resulte indispensable, el colesterol se convierte en perjudicial para nuestra salud si está presente en unos índices demasiado elevados, ya que su acumulación excesiva en las paredes arteriales (Hipercolesterolemia) trae consigo mayor riesgo de sufrir enfermedades vasculares, como infartos o hemorragias cerebrales. Además, otros estudios recientes han demostrado que tasas elevadas de colesterol podrían propiciar la aparición de algunos tipos de cáncer. Es por ésto que sin duda debe ser un elemento de nuestra salud a tener en cuenta y que cuidemos como es debido.

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Pero tenemos que dilucidar antes que nada lo que a todo el mundo le suena pero que quizás no comprende del todo, y es la cuestión de los dos tipos de colesterol: “el bueno” y “el malo”. Pues bien, el que solemos denominar como “malo” está relacionado con la LDL, o lipoproteina de baja densidad (en inglés Low-Density Lipoprotein), y el que se llama colesterol “bueno” es el HDL, que va com la lipoproteina de alta densidad (en inglés High-density lipoproteins). Las lipoproteinas son las encargadas del transporte del colesterol a través del torrente sanguíneo. Si tenemos cantidades altas del segundo colesterol es una buena señal, ya que indica que el colesterol que arrastran va a ser eliminado del cuerpo. En cambio, un número demasiado alto de lipoproteinas de baja densidad es sinónimo de que el colesterol va a circular por la sangre y al final se va a depositar en las arterias, pudiendo endurecerlas o bloquearlas.

Así pues, las conocidas como dislipidemias -elevación del colesterol total, colesterol LDL (malo), triglicéridos, VLDL y disminución del colesterol HDL (bueno)- derivan en factores de riesgo importantes para el desarrollo de enfermedad coronaria y eventos cardiovasculares en general, como: infarto de miocardio, derrame cerebral, enfermedad periferoarterial y otras.

En general, los niveles de colesterol LDL normales van a depender del riesgo cardiovascular de cada individuo, por lo que los niveles de colesterol variarán de unos a otros (no son iguales para todo el mundo). Así, para los pacientes de bajo riesgo un LDL menor de 160 mg/dL se considera normal, para los de riesgo intermedio sería menor de 130, alto riesgo menor de 100 y muy alto riesgo menor de 70.

Las causas principales de ello son:
– Tendencia genética
– Obesidad
– Falta de actividad física o ejercicio
– Nervios y stress
– Tabaco
– Alimentación rica en proteína animal y grasas saturadas

Por consiguiente, los consejos más adecuados para reducir el colesterol en caso de una presencia demasiada elevada son (además de conultar con el médico para un tratamiento más adecuado):
– Cambiar la dieta, reduciendo los alimentos ricos en grasas saturadas y aumentando los ricos en insaturadas
– Disminuir de peso
– Practicar ejercicio
– Reducir el stress
– Incluir suplementos naturales dedicados

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