¿De dónde sale el omega 3 de los alimentos que no lo llevan?

La obsesión por los que dicen ser los ácidos grasos más beneficiosos es brutal. De hecho, llegamos a consumir productos que de manera natural no los llevan. Te contamos cómo se incluyen en ellos.

omega 3 capsulas

Seguramente en cuanto a alimentación, haya muchas teorías en el actual mercado que nos hacen repensar ciertos conceptos del pasado, ya que lo que antes nos decían que no era positivo para nuestra salud, ahora se ha demostrado que es totalmente saludable. Algunos ejemplos son por ejemplo el aceite de oliva, el jamón serrano, o el pescado azul. Todos ellos tuvieron un momento de considerarse poco recomendables, y ahora, son todo lo contrario. Pero quizás en esa obsesión por saber bien qué comemos y si es o no sano, tendríamos que hacer especial mención a los ácidos omega 3. Esos que tan de moda se han puesto y que aunque de forma natural los encontremos en el pescado, podemos conseguirlos en muchos productos en el mercado que de forma lógica, no deberían tener ese omega 3.

Entonces ¿cómo se hace para conseguir esos productos con omega 3? Por ejemplo, los huevos, la leche u otros derivados que de forma natural no lo tienen, ¿lo añaden artificialmente? ¿cómo se consigue ofrecerlo con ese añadido al consumidor? Hoy analizamos todo ello, y repensamos la idea de comprar estos alimentos que por lo general, tienen un coste añadido, así como la necesidad de consumirlos en caso de que la dieta no incluya ese aporte de grasos esenciales y muy positivos para la salud.

¿Cómo se incluye el omega 3 en algo que no lo lleva?

En realidad, hay dos formas fundamentales de enriquecer con omega 3 a los alimentos que de forma natural no son ricos en esos ácidos grasos. La primera de ellas es añadirlos directamente a la mezcla. Así por ejemplo, cuando compramos cereales o mantequilla en la que el omega 3 está presente y además aparece en la etiqueta como un llamado a la compra, lo que se ha hecho es simplemente añadir cápsulas de ese elemento en la preparación de dicho alimento. Esto quiere decir que de forma artificial se incorpora a la receta llevada a cabo para poder disfrutar de esos alimentos.

Sin embargo, hay alimentos que en sí mismos no permiten añadir el omega 3 a la mezcla. Por ejemplo, los huevos ¿cómo hacen los fabricantes que envasan huevos que llevan la etiqueta de ricos en omega 3? ¿Inyectan el omega 3 en la cáscara? Evidentemente no, ya que esto haría que la vida útil del huevo fuese mucho más corta. En esos casos, lo que se hace es enriquecer con el ácido omega 3 el pienso o los alimentos que toman las gallinas que ponen esos huevos. De ese modo, resulta realmente fácil que el alimento que finalmente llega al consumidor tenga un aporte extra de dicha materia. Aunque hay que considerar hasta que punto es lógico cambiar la alimentación de algunos animales para incluir un elemento de forma artificial en un alimento que no lo lleva.

¿Necesitamos un extra de omega 3?

Yo particularmente, rehuyo de todos esos alimentos que en las etiquetas me indican rico en x elemento. Creo que las cosas, si se pueden obtener de forma natural, son mucho mejores. Y no solo eso. Me da la impresión de que añadir complementos alimenticios a los procesamientos que sufren los alimentos que llegan a nuestros mercados no debe ser algo en lo que debamos perder mucho tiempo. Lo digo ya no solamente por poner en duda el proceso de alimentación de los animales, sino por lo que supone para nuestro bolsillo. Casi todo lo que es rico en algo que de forma natural no lo es supone un incentivo para diferenciarse de la competencia y para llamar la atención del consumidor, y por ende, es más caro. Acabamos pagando más al fabricante que incluye ese complemento de lo que pagaríamos comprando el producto normal y el complemento aparte, para usarlo solo cuando realmente lo necesitemos.

Lo dicho es además algo extra a lo que supone abusar de un ácido que se encuentra en muchos alimentos. En realidad, el aporte que necesitamos de omega 3 lo podemos conseguir sin artificios apostando por los alimentos que lo llevan, como lo son los pescados y los frutos secos. Y si sale más económico, y es más natural y sano asegurarnos el omega 3 que necesitamos de este modo ¿para que complicarnos siguiendo los dictados del marketing? Creo que la respuesta es clara, pero con tanta publicidad y alabanzas a estos ácidos hemos perdido un poco la cabeza. Por eso creo que este análisis se hacía realmente necesario. ¿Tú qué opinas?

Imagen: Peter Rosbjerg

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