Legrado o raspado de la matriz

Cuando los embarazos terminan de forma imprevista y si bien normalmente el útero expulsa de forma natural y espontánea todo el embrión. Otras veces no ocurre así y, por otros motivos, el útero no acaba de eliminar los restos de placenta.

Cuando esto sucede, hay que practicar lo que se llama ‘raspado’ o ‘legrado’, una intervención médica que también se lleva a cabo cuando se produce una importante hemorragia de las vías genitales.


Son muchas las razones, entre ellas que el embarazo no llegue a su fin y, por un motivo u otro, la totalidad del contenido del útero no se expulse de de manera natural. También se practica tras una interrupción, un aborto, un embarazo sin embrión, etc., o cuando el útero presenta algún problema o malformación. En estos casos el raspado permite comprender mejor la naturaleza del problema y facilita la curación.

Sufrir un aborto nunca es fácil. También es cierto que se puede sentir algo de dolor físico, pero gracias a la anestesia (general o local) y a las técnicas de aspiración, lo poco que podamos sentir no tiene nada que ver con lo que se sufría en épocas pasada y, como mucho es más el dolor psicológico por la pérdida que la intervención.

Tras la intervención, el riesgo de sentir molestias postoperatorias es mínimo. Siempre se puede sentir algo (más que soportable) o sufrir pérdidas durante algunos días. Estos dolores que se sufren unas pocas horas después de la operación suelen compararse a los menstruales.

Imagen | elembarazo

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