Trucos para mantenerse a raya a la hora de la cena

La clave está en los horarios y en una correcta distribución de las comidas a lo largo del día. Pero también en descubrir que hay alimentos más allá de las verduras y el pescado a la plancha.

Somos una cultura que desayuna poco, come mucho y cena a proporción de la comida. Es decir, somos una cultura que por definición carga el gran peso de su nutrición en dos momentos del día que no son los más importantes. Si bien después de comer puede que nos espere un buen tute, por la noche lo que nos espera es la camita. Y todas hemos sentido esa hinchazón post-atracón que nos impide conciliar el sueño.

No es la primera vez que hemos hablado aquí de los peligros de la cena. Tanto cuando se hace dieta como cuando se está fuera de ella. Sin embargo, a veces cuesta resistirse. Y cuesta porque la imagen mental que nos queda es la de la ensalada, las verduras o el pescado a la plancha. Pero hay más opciones y truquillos.

Para empezar, lo ideal sería no llegar a la cena muerta de hambre. ¿Cómo? Pues cambiando las tres comidas diarias por cinco: las tres habituales más dos tentempiés. Si hemos comido a las 18:00h de la tarde un bocadillo, o un yogur, o una pieza de fruta, estaremos menos hambrientas a la noche.

El segundo tema es de horarios. Muchas veces el problema reside en comer y acostarse de inmediato, cuando lo ideal es que haya dos horas de margen para digerir. Todo lo que llevemos avanzado en ese sentido reposará mejor en nuestro cuerpo.

Otra cuestión es la que avanzábamos. No todo es tomate ni merluza. Podemos comernos un bocadillo que contenga pavo o queso, una tortilla a la francesa, o incluso tomarnos una sopita ahora que llega el invierno. Entre las recetas de cena para personas con dieta se incluyen los pimientos rellenos de atún o carne, o las tostadas con salmón ahumado. La clave está en el equilibrio.

Finalmente, y en el caso de las que realmente se encuentran a dieta, está el difícil tema de las cenas fuera de casa. Porque apetecen, y aunque con la crisis se han reducido, acaban por aparecer en un momento u otro. Si es imperativo resistirse a la tentación, pero aún así se quiere disfrutar de la velada, lo mejor es tomar un par de tortitas de arroz (o algo igualmente sano y saciable) antes de salir de casa. Con el estómago calmado de rugidos es más fácil reducir los excesos y hacer las elecciones correctas.

Como vemos, cenar equilibrado no es una tortura, ni consiste en pasar hambre. Simplemente en desahogar ese momento del día en el que el aporte energético es innecesario.

Vía: VelocidadCuchara.

Foto: Christian Cable.

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