5 cosas que se modificarán en las reválidas para que sigan siendo reválidas

La ley Wert ha sido una de las más polémicas de la historia española. Sin embargo, las modificaciones que proponen hacen que las reválidas sigan siendo tal cosa.

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La actual reforma educativa, mejor conocida como la Ley Wert, no ha hecho sino poner a la comunidad educativa -no solo a los estudiantes, sino también a los profesores y padres- en contra del gobierno. Lo cierto es que, si se analiza de forma objetiva la reforma, no introduce ninguna novedad práctica que haga que los alumnos españoles mejoren con respecto a la media europea (Nuestros datos en los informes PISA son muy inferiores a los que obtienen los demás países de Europa). De hecho, lo único que ha hecho es reducir las oportunidades de acceso a una beca, examinar más a menudo a los alumnos imponiendo test que no siempre miden el conocimiento, y ahondar en la llaga Iglesia-Estado haciendo que la asignatura de religión cuente para nota (¡Vaya jilipollez en un Estado laico).

Ahora que ya el señor Wert está lejos -aunque con un puesto muy bien remunerado-, toca arreglar el desaguisado. Y como casi todo en España, arreglar implica poner parches para quedarnos más o menos dónde estábamos. Todo lo que se está diciendo sobre la nueva reforma educativa, que no viene sino a modificar la actual ley, implica casi siempre volver al estado anterior de la educación. En definitiva, seguimos perdiendo años centrándonos en pragmatismos estúpidos y las generaciones lo siguen pagando.

5 cosas que tienes que saber sobre la nueva ley de educación

Todo lo que te vamos a contar está en fase de discusión en el Parlamento. Esto quiere decir que al final, las cosas pueden ser diferentes. Sin embargo, tengo serias dudas de que esta discusión nos lleve realmente a buen puerto. Al menos con la actual representación política que se ha olvidado de quiénes realmente saben de educación y está centrada en unos intereses políticos absurdos. En todo caso, hoy no es día para hablar de política. Si todo sigue como lo han planteado, la nueva reforma educativa incluiría lo siguiente:

  1. La reválida de 6º de primaria queda reducida a prueba muestral: una de las que más polémica causó se deja ahora en manos de los centros que quieran aplicarla sin ningún sentido académico para el alumno. Es decir, servirá como una especie de documento interno para evaluar conocimientos y programas.
  2. Se reducen el número de asignaturas de la prueba de los alumnos de 4º de la ESO: la prueba que da el título de la ESO se mantendría. Las únicas modificaciones que se ponen en marcha son las que están relacionadas con el número de asignaturas objeto del examen.
  3. Los alumnos de 2º de Bachiller tendrán un examen de sus materias, similar al de la PAU: con la ley Wert, el examen de la reválida de la educación secundaria superior incluía las asignaturas de primero y segundo de Bachiller. Ahora, la modifican para que solo entren las del último curso. Vamos, que no están diciendo que lo que se aprendió en primer año no debe hacer falta recordarlo.
  4. Seis serán las asignaturas objeto de examen de la reválida de Bachiller y solo servirá para el acceso a la Universidad: la supuesta reválida de la ley Wert se modifica de tal manera que se parece demasiado al anterior sistema, el PAU. De hecho, los alumnos que no vayan a la Universidad no tienen por qué hacerla, porque solo servirá como prueba de acceso. Además, se reducen las asignaturas de las que hay que examinarse. En este caso, según el borrador, se quedará en 6.
  5. La nota mínima para aprobar será un 4: la verdad es que, aunque algunos colectivos aprueben esta idea, a mí particularmente no me parece bien. De hecho, soy más de orientarme a las tesis europeas en las que, generalmente, el aprobado está en el 6. Lo cierto es que tener un 4 viene a ser, matemáticamente hablando, saber el 40% de todo lo que te han enseñado. A mí me parece que es demasiado poco como para decir que un alumno está realmente preparado. Aunque la verdad es que si quisiéramos equipararnos a Europa en esto habría que pensar en otro tipo de formatos de evaluación y no en exámenes tipo test que son fáciles de corregir y difíciles de servir para el control educativo efectivo.
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