Disciplina positiva para concienciar a los niños que se portan mal

Los niños se equivocan y a veces expresan lo que sienten con una buena rabieta. ¿Quieres cambiarlo? Una técnica innovadora promete hacerlo con amabilidad ¡Descubre la disciplina positiva!

disciplina positiva

El mal comportamiento de los pequeños puede llevar a los padres a una situación desesperada. En nuestro blog hemos hablado en más de una ocasión de las técnicas que ayudan a los padres a comprender cómo educar a sus hijos. Y, aunque la teoría punitiva pesa sobre todas las demás en cuanto a uso, no es en absoluto la más recomendada por expertos en psiquiatría. De hecho, la técnica de educar utilizando el castigo, el rincón de pensar, o eliminando “privilegios” de ocio solo funciona en el corto plazo. La mayor parte de los niños no entienden lo que está pasando, y evitan el comportamiento en el futuro solo por el miedo que les provoca. No lo hacen por haber entendido el concepto.

Durante los últimos años se han multiplicado los estudios sobre la educación de los niños, y se está poniendo en valor la falta de conocimiento de estos. De hecho, el que es médico estudia durante varios años para ejercer. Lo mismo pasa con un filólogo, o con un químico. Pero ¿dónde se aprende a ser padres? En ningún sitio. Todos aquellos que deciden serlo deben tirar de experiencias de su propia familia o enfrentarse a la ardua tarea sin apenas saber cómo dar con la información adecuada. Y precisamente en ese sentido hoy queremos hablarte de la disciplina positiva.

¿Qué es la disciplina positiva?

Aunque parezca un invento moderno, la disciplina positiva cuenta ya con varios años de historia. De hecho, nació en los años 20, de la mano del doctor Alfred Adler y el psiquiatra infantil Rudolf Dreikurs. Ambos tenían claro que lo importante para una correcta educación de los pequeños, empezaba por educar a sus padres en la difícil tarea de enseñarles y guiarles. El foco de esa propuesta se centraba en una relación padres-hijos basada en el respeto y el amor, teniendo en cuenta siempre los sentimientos de los hijos. A partir de ahí, surgieron numerosos estudios sobre la materia. Pero, el más extendido hoy en día es de las investigadoras Jane Nelsen y Lynn Lott (fundadoras de la Asociación Americana de Disciplina Positiva). Fueron ellas las que la pusieron en la práctica y crearon unos principios y herramientas para que los padres pudiesen aplicarla.

Muchos progenitores que llegan a las dos autoras que tienen varios libros publicados en el mercado, lo hacen con una actitud desesperada. Precisamente sobre ellas reflexiona Jane Nelsen. “Lo hemos intentado todo”. Esa es la respuesta más común a un problema de comportamiento de los niños. Sin embargo, la experta les pregunta “Pero, ¿qué habéis intentado?”. Las respuestas suelen estar todas orientadas hacia la tesis punitiva de la que hablábamos al principio del texto. Sermones, castigos, gritos, cachetes, eliminación de privilegios, premios-regalos… Si eso no funciona, es hora de cambiar el ángulo de la relación, y hacerlo utilizando la disciplina positiva suele dar buenos resultados.

¿Cómo poner en marcha la disciplina positiva?

Si estás interesada en este tema, te recomiendo hacerte con uno de los más de 20 volúmenes que tienen en el mercado las dos investigadoras. En ellos podrás comprender mejor cómo funciona esta técnica y cómo aplicarla en el día a día. Sin embargo, si lo que quieres es empezar a conocerla de cerca, podríamos resumir su aplicación en los siguientes principios:

  1. Nunca confundir amabilidad con firmeza: ambas características son la base de la disciplina positiva, y están ahí para evitar los dos grandes males de la educación de los niños: autoritarismo y permisividad. Las opciones suelen ser el mejor aliado en situaciones difíciles: “Sé que quieres seguir jugando con tus amigos, pero el tiempo se ha terminado. ¿Vienes a casa o prefieres que te vaya a buscar yo?
  2. La conexión emocional es la clave: hay que corregir el comportamiento errático del niño, pero hay que demostrarle al mismo tiempo el aprecio que se le tiene. ¿Cómo? Una frase servirá de ejemplo: “Te quiero, pero esto no puede ser. La respuesta es no”
  3. La familia extendida: es importante para el pequeño que las reuniones familiares, tanto con los más cercanos como con la familia extendida sean frecuentes. Eso facilitará la cooperación entre todos y la posibilidad de compartir sentimientos. También se crearán ambientes de debate muy sanos.
  4. Las órdenes no sirven. Las preguntas sí: puedes elegir decirle “Haz los deberes ahora”. U optar por preguntarle “¿Qué tienes que hacer para sacar buenas notas en el colegio? Con lo segundo estarás fomentando su responsabilidad y autonomía.
  5. La confianza no se debe perder: ante situaciones que afectan negativamente al menor hay que animarles. “Soy consciente de que es complicado. Sin embargo, estoy segura de que si lo intentas, la próxima vez saldrá mejor”
  6.  Motivarles al máximo: si un pequeño no se porta bien, la causa podría ser una desmotivación general. Hablar con él será la única manera de averiguarlo y solucionarlo.
  7. Consentir no está permitido: si le consientes demasiado, el niño dará por hecho que el mundo es suyo. Sin embargo, si se educa indicándole que debe hacer todo por él, aprenderá a saber de lo que es capaz.
  8. Mantén la calma: es más fácil decirlo que hacerlo, pero para solucionar un conflicto, es fundamental que te calmes y recuperes tu capacidad de razonamiento.
  9. Enseñar con el ejemplo: los niños se fijan en todo, y será muy difícil hacerles creer que algo está bien o mal cuando en el día a día no se le demuestra.
  10. Tu palabra vale oro: si el niño ve flaqueza en las afirmaciones, y no se mantienen con firmeza, pensará que tus palabras no tienen valor y dejará de hacerte caso.
Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...