Los abuelos: un gran pilar familiar para la maternidad

Las personas mayores juegan un papel importante en la educación de los niños pero, sobre todo, permiten la conciliación laboral y familiar así como son el soporte económico de muchas familias.

abuelos

El papel de los abuelos ha sido fundamental dentro de las familias españolas. De hecho, somos uno de los europeos considerados más familiares y es habitual que las familias convivan varias generaciones. De hecho, en los pueblos es casi una tradición. Y, en las ciudades, aunque no es tan común por la falta de espacio, tampoco es algo considerado extraño como en otros lugares. Sin embargo, a raíz de la crisis económica de estos últimos años, el papel de los abuelos se ha vuelto imprescindible. Sin su ayuda, infinidad de familias jóvenes no hubiesen podido llegar a final de mes e incluso, la única manera de sobrevivir para muchos, en unos tiempos en los que el desempleo es la mayor causa de preocupación es mudarse a casa de los abuelos. La mayoría, contribuye con su pensión a la ardua tarea de sobrevivir día a día.

Las abuelas y abuelos han ayudado desde siempre con el cuidado de los nietos. Sin embargo, no se puede obviar que su papel en la independencia económica de la mujer ha sido imprescindible. De hecho, desde que nosotras nos hemos incorporado al mercado laboral, la conciliación trabajo y familia sería casi impensable sin ellos. Ambos progenitores pueden trabajar sabiendo que sus hijos quedan en las mejores manos. Eso sin contar con todo el ahorro que supone no contratar a alguien especializado para que quede a cargo de los más pequeños de la casa. Para muchas parejas es impensable destinar uno de los salarios a esta tarea y es por eso que, cuando los abuelos no están, casi siempre se recurre a la renuncia de uno de los dos a su puesto de trabajo. Generalmente la de la mujer.

Abuelos supervivientes

Los abuelos han sobrevivido a la guerra civil y al régimen de Franco. Han trabajado duro y han tenido que prescindir de muchas cosas. En su edad de jubilación gran parte de ellos recuerdan aquellos tiempos pasados de la emigración porque ven como sus familias tienen que volver a pasar por lo que ellos ya pasaron. En la mayoría de los casos, los abuelos que tienen un hogar para compartir y una pensión de la que vivir prefieren que sus hijos y nietos se instalen en sus casas. Al fin y al cabo, a ellos siempre les ha gustado eso de la familia extendida y no hay mejor manera de superar las crisis que estando todos juntos. La comparativa con otros países europeos nos convierte en una de las nacionalidades más familiares. ¿Será por aquello de la morriña gallega?

La realidad de los hijos que han agotado todas las ayudas para desempleados y no encuentran trabajo no es algo que les sorprenda. Probablemente, si preguntásemos, nos contarían cosas mucho peores. Sin embargo, para muchos es bastante llamativo el hecho de que ya no evolucionemos a mejor cuando jamás hace unos años se pensaría que se pudiese dar marcha atrás. En todo caso, con sus tesis de que todo puede arreglarse con cariño y que lo bueno llegará más adelante resulta mucho más sencillo sobrevivir en tiempos de crisis. Y por supuesto, todo ello sin olvidar los remedios clásicos caseros de los que ahora tanto presumimos como cosmética natural o soluciones para cuando estamos enfermos.

Grandes ejemplos para los más pequeños

Pero más allá de la ayuda económica que los abuelos pueden prestar a hijos y nietos, y de su papel en la revolución del trabajo femenino, lo cierto es que esta figura familiar tiene mucho que aportar cuando se trata de la educación de los más pequeños. Poco a poco, la figura del abuelo cobra el protagonismo que se merece. Darse cuenta de que se puede conciliar mejor gracias a ellos es algo que solo se percibe cuando se vive de cerca. Al fin y al cabo, por todos lados nos hablan de estas políticas y son muy pocas las mujeres que se declaran satisfechas con ellas. Los abuelos aportan a los niños seguridad, un montón de conocimientos, cariño y sobre todo, una experiencia de vida que les permite consentirlos y mimarlos más porque para todo lo no tan bueno ya están sus padres.

Cuando hablamos de los abuelos probablemente cada una de vosotras tenga una propia imagen en su mente si tuvo la suerte de convivir con los abuelos. Y seguro que de ser así se te pasarán por la cabeza un montón de dichos populares o refranes de su propia cosecha que venían a sintetizar verdaderas filosofías de vida. No quiero dejar pasar la oportunidad para compartir algunos de ellos, aunque seguro que los habréis escuchado con idéntico significado dichos de otro modo:

  • Esta niña está buscando media naranja y aún no sabe pelar una
  • Lo malo de decir lo que uno siente, es que muchas veces siente uno haberlo dicho.
  • No critiques a tus enemigos que a lo mejor aprenden.
  • El gran problema de las mentes cerradas, es que casi siempre tienen la boca abierta.
  • Valora lo que tienes, puedes perder mucho buscando lo que no tienes.
  • Es en los peores momentos, donde se conocen las mejores personas.
  • Me gustaría volver al pasado para revivir la época en que era feliz y no lo sabía.

Puede que todas esas frases sean parte hoy de los muros de Facebook y otras redes sociales en las que se agolpan para que alguien las comente, las descargue o les de al Me Gusta. La verdad es que no las pronunciaron famosos de esos que se llevan grandes premios. Solo fueron personas muy sabias que en su momento ni siquiera eran conscientes de estar marcando historia. Si tienes la suerte de tener todavía a tus abuelos vivos, o tus hijos pueden disfrutar de ellos asegúrate de ser consciente de su papel en la familia y, sobre todo, recuerda agradecerles todo lo que están haciendo en uno de los momentos más difíciles. Aunque probablemente ellos ni siquiera se esperen tal agradecimiento, ni tampoco tú podrás llegar a compensarlo, a veces la intención es lo que cuenta.

Y como hablando de abuelos cada cual recuerda a los suyos, la despedida de hoy va a ser recordando una frase que la mía siempre decía cuando se refería a agradecer a los demás cosas que sabía no podría pagar ni con dinero ni con nada. Agradecer esos gestos que a veces las personas hacen por nosotros: “que Dios se lo pague”

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