Marta Espar: "Depende del ginecólogo que te toque, puedes tener una cesárea o no tenerla"

Oír hablar de partos provocados, cesáreas y epidurales forma parte de nuestro día a día. Pero, ¿realmente debe ser así? Marta Espar, periodista y autora de ‘El secreto de un parto feliz’, nos desvela las claves de un parto adaptado a la última evidencia científica. Y ésta demuestra que no hay nada mejor para un parto de bajo riesgo que dejar que la naturaleza siga su curso con la mínima intervención posible.

  • La OMS dejó claro que en el parto normal sólo se debe intervenir cuando hay complicaciones
  • Existe la creencia social de que el parto, contra más medicalizado, siempre mejor
  • A casi ninguna madre le han explicado cuáles son los riesgos de la epidural
  • Oír hablar de partos provocados, cesáreas y epidurales forma parte de nuestro día a día. Hoy en día parir en un quirófano y rodeada de un equipo médico casi desconocido es lo más normal del mundo. Pero, ¿realmente debe ser así?

    A menudo se ha relacionado el parto tal y como fue concebido como cosa de naturistas y neohippies. Pero resulta que los estudios más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Sanidad español indican que es precisamente así como se recomienda que sea, siempre y cuando no existan complicaciones ni patología previa. Y ello no significa prescindir de la medicina o no poder recurrir a fármacos y técnicas para aliviar el dolor. Significa intervenir solo en la medida de lo necesario y de hacerlo acorde con los deseos de la mujer.

    La periodista y psicóloga clínica Marta Espar, como tantas otras mujeres, también pensaba que la asistencia que había recibido durante el parto de sus dos primeros hijos era ‘lo normal’. Y lo pensaba incluso no habiendo salido del todo satisfecha. Pero un encargo periodístico lo cambió todo, hasta el punto de que lo que empezó siendo un reportaje ha acabado dando lugar a un libro entero. Los secretos de un parto feliz es una guía completa y amena sobre la asistencia al parto en España que ha costado a su autora viajes, mucha documentación y el contacto con más de cincuenta testimonios. Esta aventura la ha convertido en toda una experta en la materia, por lo que vale la pena convertir a la entrevistadora en entrevistada y conocer cuáles son las claves para dar a luz en las mejores condiciones.

    Marta Espar

    ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro de estas características?

    Yo soy periodista especializada en temas de salud desde hace casi diez años, colaboro para el suplemento de salud del diario El País y me encargaron un reportaje sobre la asistencia al parto en España. Había tasas muy altas de cesáreas y era un poco saber porqué pasaba y cómo lo vivían las mujeres, porque se detectaba insatisfacción. Al hacer el reportaje me di cuenta de que, a pesar de haber tenido ya dos hijos, muchas de las prácticas a las que me sometieron eran injustificadas o bien tenían sus riesgos, y yo no había sabido nada. Y al empezar a preguntar a los expertos que el Ministerio de Sanidad señala como los mejores de España me di cuenta de que había un desfase muy grande entre lo que se estaba haciendo en los hospitales y lo que recomendaba la literatura científica.

    ¿Fue difícil encontrar a tantísimos testimonios?

    No, porque llevo muchos años haciendo periodismo y con los años te vas haciendo tu cartera de fuentes. Y claro, yo este tema ya lo había trabajado para El País y tenía muy detectado a través de los documentos del Ministerio cuáles son los hospitales en España que trabajan mejor en la asistencia al parto. ¿Qué quiere decir que trabajan mejor? Que tienen las tasas más bajas no solo de mortalidad, sino también de cesáreas, de episiotomías, de fórceps y ventosas… Fui a visitarlos y a ver cómo trabajan, y ellos también me proporcionaron mujeres que ya habían ido allí.

    ¿Qué podemos encontrar en este libro que sea distinto al resto de guías sobre embarazos y partos?

    Creo que el libro es ameno y sigue la premisa que a mi me obsesionaba. Como periodista, lo que veía es que las mujeres a la hora de parir están como muy indefensas, tienen muy poca información y la que existe es muy sesgada, y se las trata incluso… Yo digo que se las infantiliza. Tú vas a parir, eres una mujer ya de unos treinta años, y cuando preguntas algo normalmente o no te contestan, o no te informan exactamente de qué es lo que te van a hacer. Entonces, por ejemplo: la tan famosa epidural. Los libros dicen que bien indicada tendría que ser en el 60% máximo de los casos, que es lo que se hace en los países nórdicos. Pero, ¿por qué en España se pone la epidural enseguida que ingresa la mujer y en más del 90% de los casos? Pues porque no se le ofrecen alternativas para tratar el dolor.

    Parir es doloroso. O hay tratamientos complementarios, o hay la epidural, que es más cara y a casi ninguna madre le han explicado cuáles son sus riesgos. Aumenta la tasa de fórceps y ventosas, aumenta el número de episiotomías y, sobre todo, hace que el bebé nazca mucho más adormilado. Y todo lo que se recomienda en los protocolos que pase con el bebé cuando nace (por ejemplo, que se lo pongan a la madre contacto piel con piel para favorecer la lactancia) se vuelve mucho más difícil.

    Terminología sobre el parto

    Espar incluye en su libro un glosario con la terminología más destacada sobre la asistencia al parto. A continuación, basándonos en lo que en él se explica y con el fin de facilitar la comprensión de la entrevista, os definimos brevemente algunos de estos conceptos.
    Oxitocina: Es una hormona que nuestro cerebro segrega de manera natural y que regula las contracciones. A menudo se administra artificialmente para acelerar el trabajo de parto, lo cual incrementa las molestias en la mujer y puede desencadenar la demanda de la epidural.
    Epidural: En su libro Espar insiste en la diferencia entre anestesia epidural y analgesia epidural. Esta última es la que debería aplicarse en el caso del parto, puesto que “a través de una dosificación idónea, con menor concentración y volumen del fármaco, debería conseguirse un efecto analgésico, que consistiría en aliviar el dolor sin producir parálisis muscular asociada”. Cuando sucede esto último se aumenta el riesgo de episiotomías y el uso de fórceps y ventosas.
    Episiotomía: Incisión en el periné para facilitar el proceso de dar a luz. Utilizada indiscriminadamente durante años, “su uso liberal se asocia con índices mayores de daño perineal” y, además, resulta muy molesta para las mujeres una vez superado el parto.

    ¿Cuándo debería optarse por un parto normal y cuándo por uno medicalizado?

    Todo el debate de si un parto debe ser natural o artificial es una pura tontería, porque habrá una mujer que dirá que quiere tener un parto natural pero luego el dolor la sobrepasará. Y tiene que tener la epidural a mano para ese momento, porque es su derecho. En cambio habrá otra mujer que igual puede parir súper rápido y, como le has puesto epidural ya de entrada, se ralentiza el parto.

    Se tiende mucho a reducir los debates a “natural contra no-sabemos-qué”. No sé si decir “artificial”, o “medicalizado”, o “tecnológico”. Y no es eso. La OMS ya dejó clarísimo hace casi 20 años que en el parto normal sólo se debe intervenir cuando hay complicaciones. Con eso ya lo tienes todo decidido. El parto medicalizado es fenomenal para los casos de riesgo, cuando hay una complicación o cuando hay patología previa.

    Si sabemos que los partos normales son más del 80%, ¿por qué se aplican tantas prácticas clínicas propias del parto medicalizado a casi todos los partos? Esto es una incongruencia, los porcentajes no casan. ¿Por qué hay una tasa de cesáreas del 40% en Cataluña en las clínicas privadas y en las públicas hay un 23%? Eso el Ministerio lo ha estudiado, está en los documentos y los profesionales pueden acceder a ellos. Porque si he accedido yo como periodista, y los puedo leer y entender, quiere decir que los profesionales también lo pueden hacer.

    ¿Y cuál es entonces la labor del libro para difundir toda esa información?

    En el libro lo que pretendo es dar voz a la gente que trabaja mejor. Y a las mujeres, para que expresen lo que ellas desean. Porque aquí también hay una parte que es de la mujer y de la creencia social de que el parto, contra más medicalizado, siempre mejor. Eso es una equivocación y hay que transmitirlo, porque hay muchas prácticas innecesarias que se hacen a mujeres con un embarazo normal que pueden ser muy perjudiciales.

    Sorprende que la mayoría de centros pioneros en recuperar el parto normal y el trato personalizado sean de localidades pequeñas y no de grandes ciudades. ¿A qué crees que se debe?

    Eso es muy curioso y, a parte, hay un montón de anécdotas al respecto. El pionero fue un ginecólogo de Andalucía, de Huércal-Overa, que es una población en Almería. Cuando visitas estos hospitales, o el de San Juan de la Cruz en Úbeda, que también es pequeñito, te das cuenta de que todo nace por necesidades.

    La fama que tienen es porque va de boca en boca entre las mujeres que se las trata muy bien. Muchas de ellas salen sin episiotomía, sin cesárea, con su bebé en brazos y casi recuperadas del todo. ¿Eso por qué pasa? Pues por ejemplo en Úbeda había una matrona, Blanca Herrera, que se dio cuenta de que si no se ponía epidural a la mujer, se le dejaba moverse, se le daba apoyo continuo, se le dejaba ducharse con agua caliente… Todo esto paliaba el dolor y le permitía empujar con las piernas y no tener corte, por lo que estaba luego mucho más satisfecha. Miró la literatura científica y se dio cuenta de que eso ya se estaba aplicando en Noruega, en Finlandia, en Inglaterra… Fue a su jefe de servicio y consiguió que cambiara todo. Y desde hace ya casi diez años lo practican así y reciben a muchísimas mujeres de las comarcas de al lado.

    En Santa Caterina (Salt, Girona) empezaron a asistir partos de pie o en cuclillas porque las africanas que venían querían parir de pie. ¿Qué hicieron las comadronas? Pensaron que si había que asistirlas de pie, tendrían que ver qué dice la literatura científica sobre cómo hay que asistir un parto de pie. Se dieron cuenta de que ya estaba explicado y de que, a parte, parir de pie, en cuclillas o en una silla de partos tiene muchos beneficios para la mujer.

    A pesar de no ser siempre la práctica más recomendable, en el cine y la televisión seguimos viendo el parto como una cuestión de aparatos quirúrgicos, de camillas… ¿Es necesario también un cambio de mentalidad en la sociedad? ¿No hay peligro de que el parto normal sea visto como una ‘moda’?

    A veces se malentiende. Hay muchas corrientes en España, y una de ellas, que yo creo que es la que está más avanzada científicamente, dice que no hay que hacer unidades de parto natural para un 3% de las mujeres que quieren parir sin epidural. Esto es un despilfarro de recursos económicos. Hay que hacerlo igual que se hace en traumatología. Cuando te operan una pierna quieres que te lo hagan con los últimos avances, e incluso que no te operen si no hace falta. Pues para el parto lo mismo. Y está muy claro lo que dice la última evidencia científica: que no hay que intervenir si no es necesario y que tenemos toda la tecnología para los partos de riesgo.

    Todo eso está estudiado. Si no se aplica es porque falta voluntad para aplicarlo y porque tendrían que cambiar las rutinas profesionales. Hay mucho inmovilismo. Además, un parto es un evento fisiológico que es como una caja de pandora y en el que puede pasar de todo. Es emocionalmente muy intenso y, si hay un riesgo o sale algo mal, es muy difícil de afrontar para esos profesionales porque es el nacimiento de una criatura.

    "blablabla"

    En tu libro haces hincapié en la importancia de crear un clima tranquilo, de informar a la mujer, de no presionar ni juzgar… Esta actitud no siempre llega de médicos y enfermeras que trabajan bajo presión y con prisa. ¿Es una cuestión de rutinas?

    Sí, sí, eso está muy estudiado. De hecho, en el tema de las cesáreas, por ejemplo, se ha estudiado que, si hay tanta variabilidad entre comunidades autónomas y entre hospitales de una misma región en la tasa, no es porque a un hospital vayan más mujeres con complicaciones previas que a otro, sino por una cuestión de diferencia en los estilos de práctica profesional. Depende del ginecólogo o de la matrona que te toque puedes tener una cesárea o no tenerla. Tan arbitrario como esto. Por lo tanto: sí, es verdad que hay un montón de arbitrariedad, de comodidades, de rutinas profesionales que hay que cambiar y no se quieren cambiar, de miedo a los litigios… Muchas cosas que hay que combatir. Y, de hecho, las primeras personas que han cambiado todo eso han sido muy poco comprendidas y muy arrinconadas en muchos sitios.

    ¿Qué derechos tiene la mujer embarazada al solicitar cómo quiere que sea atendido su parto?

    Derechos tiene todos. De hecho hay una ley, la de autonomía del paciente, que dice clarísimamente que la mujer tiene derecho a estar informada de los riesgos, los beneficios y las alternativas de cualquier tratamiento al que se la someta, igual que en cualquier otro servicio sanitario. Eso quiere decir que si te ponen oxitocina artificial, tienen que explicarte por qué te la ponen, qué riesgos tiene y que beneficios tiene. Eso no ocurre actualmente.

    La mujer tiene derecho a preguntar y, si no está contenta, después tiene derecho a denunciar. Pero creo que, antes de encontrarse en esta tesitura, lo que tenemos que hacer es informarnos. Hablar con el profesional que nos toca y pedirle lo que queremos. Luego, evidentemente, se hace lo que se puede, pero hay que empezar por ser responsables de un evento tan importante como el dar a luz a una criatura.

    ¿Cuáles son las asignaturas pendientes en asistencia el parto de nuestro país?

    Se está avanzando muchísimo gracias al Ministerio de Sanidad y, sobre todo, al Observatorio de Salud de la Mujer, que escuchó a las asociaciones de mujeres y ya hace cuatro o cinco años hizo un primer documento, Estatregia de Atención al Parto Normal, que lo cambió todo. Y ahora han sacado una guía de práctica clínica que es cada vez más vinculante. Entonces, creo que la asignatura pendiente es que todos los profesionales se pongan las pilas y asistan el parto tal y como dice la evidencia científica, que se formen para los cambios que se están instaurando. Y que las mujeres también quieran tomar parte de ello, porque una mujer no puede pedir que no la sometan a unos fórceps, o a una episiotomía, si no quiere participar ni oír hablar de dolor. Pero las comadronas de los hospitales donde todo funciona mejor dicen que cuando se les da información, poder y apoyo emocional, todo cambia y ellas mismas quieren un parto respetado.

    ¿Entonces es este, el secreto de un parto feliz?

    Yo creo que sí. Hay tres ingredientes para mí. Mucha información, mucho respeto -tanto por una parte como por la otra- y luego, el básico: que te traten según la última evidencia científica.

    Fotos Marta Espar: Xavi Villalvila
    Otras fotos: Ecografía estructural por ::elNico:: y Love por clspeace en Flickr.com.

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