Margaret Thatcher: política con aroma de mujer

Llamada la Dama de Hierro, por su carácter inquebrantable y su política dura, fue la primera, y hasta el momento la única, mujer que dirigió una democracia europea importante. Su carrera en la política fue además de una de las más destacas de los últimos tiempos, también de las más polémicas. Ganó tres elecciones generales consecutivas y fue Primera Ministra británica durante más de once años (1979-1990). Amada u odiada, lo cierto es que Margaret Thatcher quedó en la historia como una de las mujeres más fuertes de la política mundial.

Símbolo de mujer fuerte y fría que todo lo puede, Margaret Thatcher ha sido aceptada por muchos y odiada por otros. Es que su carácter inquebrantable no daba lugar a medias tintas. Amor-odio, eso supo despertar esta señora de la política, y así se transformó en una de las mujeres del poder más importantes del siglo XX. Fue la primera, y por el momento la única, mujer que dirigió una democracia europea importante. Llamada la Dama de Hierro por su imagen de carácter inalterable y firme, fue una de las políticas más influyentes de la historia reciente, tanto del Reino Unido como a nivel mundial. Su carrera en el ámbito político no sólo fue una de las más destacas de los últimos tiempos, sino también una de las más polémicas. Ganó tres elecciones generales consecutivas y fue Primera Ministra británica durante más de once años (1979-1990), todo un record durante el siglo XX.

Nació el 13 de octubre de 1925 en Grantham -una ciudad de Lincolnshire, Inglaterra-, siendo hija de Alfred y Beatrice Roberts, metodistas, por lo que se educó en un ambiente conservador. De hecho, afirman que el fenómeno Thatcher tuvo que ver con la severa educación que recibió; por ejemplo, desde ir muy pocas veces al cine hasta nunca a los bailes. En 1952 se casó con Denis Thatcher (quien fue su marido hasta el 2003, año en que murió), un empresario; y un año más tarde la pareja tuvo a los gemelos, Mark y Carol. Margaret, licenciada en Ciencias Químicas y en Derecho, por el Somerville College, de la Universidad de Oxford, trabajó a fines de los años cuarenta como investigadora en las empresas British Xylonite y Lyons & Company. Tiempo después lo hizo como abogada, hasta que a los 25 años inició su carrera en la política por la década del cincuenta. Ingresó en el Partido Conservador, del que era miembro su marido, y en 1959 ganó un escaño en la Cámara de los Comunes; dos años más tarde fue nombrada secretaria de Estado para Asuntos Sociales. Así, de a poco, fue escalando posiciones en el partido, hasta que en 1970 se convirtió en la titular del Ministerio de Educación y Ciencia (cargo que ocupó hasta febrero de 1974), siendo una de las medidas más inapropiadas que adoptó la de acabar con la educación gratuita.



En 1979 se presentó a las elecciones y logró ser la vencedora, por lo que se convirtió en la primera mujer en ser Primer Ministro. Durante sus mandatos remodeló por completo la política británica, revitalizó la economía (consiguió reducir la inflación y mejorar la cotización de la moneda nacional, la libra esterlina), reformó las instituciones anticuadas, disminuyó la producción industrial, lo que devino en el aumento del paro -el cual se triplicó desde que ella asumió el poder- y en la expansión de las quiebras de empresas y bancos. También incentivó la política exterior de la nación, y persiguió la recuperación nacional, por los vestigios dejados por la Segunda Guerra Mundial. Destacó de su política la semejanza filosófica, que tenía con Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos elegido en 1980.

En abril de 1982 se desató la guerra de las Malvinas (la pelea con la Argentina por estas islas) y Thatcher intervino en el conflicto, siendo su actitud bien vista por la opinión pública nacional. La acción militar británica logró recuperar las islas, y éstas volvieron a quedar bajo su control en junio de ese año. Por esta lucha, Thatcher sentó las bases para una política exterior mucho más vigorosa durante lo que quedó de la década del ochenta. Cuando llegaron las elecciones generales de junio de 1983, ella fue reelegida. Al año siguiente tuvo que enfrentarse a graves conflictos sociales, en especial con la huelga de los mineros, que reprimió duramente. En octubre de 1984, el Ejercito Republicano Irlandés (IRA) intentó asesinar a Margaret Thatcher (ella apoyaba la retención del Ulster por el Reino Unido) y a muchos miembros de su gabinete, al hacer estallar una bomba en su hotel en Brighton durante la conferencia anual del Partido Conservador; a ella no le pasó nada, pero algunos de sus colegas más cercanos resultaron heridos y otros muertos. Como mandataria continuó con la política neoliberal, la privatización de empresas estatales (como BP -British Petroleum-), de la educación y los medios de ayuda social, con la lucha contra el desempleo, con la limitación de las huelgas, rechazó el diálogo con los sindicatos y emprendió recortes en sanidad. Asimismo, su política fue muy fuerte contra el terrorismo, republicano o lealista. Respecto al conflicto del Ulster, propició la apertura de conversaciones con la República de Irlanda.

En 1987 ganó de nuevo las elecciones, estando en el poder sólo tres años más. Es que su negativa a la unión social y política del Reino Unido con Europa y a la imposición del impuesto regresivo -la poll tax-, provocó una polémica generalizada que la enfrentó a su propio partido. Por ello tuvo que renunciar, el 28 de noviembre de 1990, siendo su sucesor John Major. Tres años más tarde, publicó sus memorias, que obtuvieron un importante éxito de ventas. Para el año 2002, a sus 76 años, los médicos le ordenaron a Margaret que nunca más brinde discursos en público, debido a que había sufrido en los últimos tiempos varios pequeños ataques de apoplejía. Así de esta manera, la mujer fue casi obligada a «nunca más» tomar parte en la vida pública del país.

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