2014, el blanco y negro ha vuelto a los cines

Cuatro películas, ‘Nebraska’, ‘Ida’, ‘Oh Boy’ y ‘Frances Ha’, que han renunciado al color, coinciden en la cartelera española.

'Ida' (2014)

A estas alturas, no era algo que nadie esperase. Como en un regreso al pasado, a otros tiempos en los que el color no era la única opción para los cineastas, cuatro películas filmadas en blanco y negro han coincidido en los cines españoles en los primeros meses de 2014, dándole a un revés a tan futurista cifra (al menos, así lo parecía hace unos años). A saber, Nebraska (Alexander Payne), Oh Boy (Jan Ole Gerster), Ida (Pawel Pawlikowski) y Frances Ha (Noah Baumbach) han teñido las salas de otros tonos, dando mucho que hablar todas ellas por su valor artístico y logrando además cierto tirón entre el público más cinéfilo (llegar a la mayoría silenciosa es un reto casi imposible a estas alturas).

Tratar de ver esta confluencia en las carteleras como un movimiento cinematográfico sería una necedad. Proliferan poco o casi nada las iniciativas grupales a estas alturas de la Historia del Cine, por mucho que haya quien se empeñe en descubrir seísmos a cada momento. Entre los cuatro títulos, encontramos dos producciones norteamericanas, que más o menos pertenecen a ese espectro tan amplio conocido como el indie, una polaca y otra alemana, existiendo pocos puntos de encuentro actualmente entre estas dos cinematografías pese a la cercanía entre los países, tal y como sucede en el resto de una Europa en la que el cine está hoy profundamente marcado por las individualidades. Por no coincidir, ni siquiera lo hacen en el año de producción, ya que dos de las películas son de 2012 y las otras de 2013.

Sin embargo, no es la elección de ese blanco y negro añejo lo único que una a estas cuatro películas, todas ellas profundamente narrativas y preocupadas por personajes apesadumbrados cuya derrota puede ser de alguna forma reparada (o no). Adelantando la conclusión, podemos decir que el blanco y negro se revela a través de estas obras como una opción estética inmejorable cuando de lo que se trata es de contar la historia de los perdedores.

'Oh Boy', de la Escuela de Berlín

En el caso de Oh Boy, está considerada como una de las películas más brillantes que ha dado la denominada Escuela de Berlín, dominadora de la producción de la capital teutona durante la última década. En tono tragicómico, con referencias a la vida cultural de la ciudad y una galería de secundarios memorable, la cinta narra 24 horas en la vida de un joven que dice que no al café que le ofrece la chica con la que despierta, y que después irá viendo como le es imposible tomar dicha bebida, mientras el día se le va torciendo.

El blanco y negro digital sirve en esta ocasión para reflejar el vacío existencial del joven, sin aspiraciones ni valores de ningún tipo.

Greta Gerwig en 'Frances Ha'

Con dos años de retraso ha llegado también a nuestras salas Frances Ha, última película hasta la fecha de Noah Baumbach, una de las voces más particulares del cine estadounidense actual, con sede física y espiritual en Nueva York, como demostró en ‘Una historia de Brooklyn’ o ‘Greenberg’. En esta historia, que recuerda un poco a algunas viejas películas de Woody Allen y aún más, por su desparpajo y su gusto por el diálogo, a las obras de algunos cineastas de la Nouevelle Vague (la protagonista llega a realizar un alocado viaje a París), nos presenta a una bailarina dicharachera que vaga por la ciudad, como el joven de ‘Oh Boy’, sin tener claro su futuro, sin un duro y sin un sistema de creencias o una relación sentimental a la que acogerse, más allá de la amistad con su compañera de piso, que se está tambaleando.

Rodada con unos medios que están al alcance de casi todos (se utilizó una cámara compacta Canon 5D), en ella el blanco y negro es algo inherente, como si la película no pudiera concebirse en color.

Por su parte, Ida, la ganadora del último Festival de Gijón, es la mayor sorpresa del grupo, por diversas razones. Su director, Pawel Pawlikowski, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Gran Bretaña, pero con películas de un tono algo distinto. La idea de situar el film en la Polonia de los 60, partiendo de un pasado terrible para la pareja protagonista, una jueza comunista implacable y su sobrina a punto de entregarse a Dios, también la diferencia de las otras tres películas, netamente actuales. Finalmente, la elección estética más llamativa del film no es tanto la del blanco y negro como la del formato cuadrado, que es aprovechado asombrosamente por el director, que nos regala algunas de las composiciones más bellas y significativas del cine reciente.

Aunque rodada en digital, las imágenes en blanco y negro de Ida han sido tratadas de forma que la película no solo nos lleva a otra época en su narración, sino también a otro tiempo cinematográfico, el del arte y ensayo, quedando claramente emparentada con la obra de autores como Carl Theodor Dreyer, como se ha encargado de señalar buena parte de la crítica.

Bruce Dern en 'Nebraska'

De las cuatro películas reseñadas, la de mayor tirón mediático y popular ha sido sin duda Nebraska, empujada por el nombre de su director, Alexander Payne, que venía de arrasar en taquilla con ‘Los descendientes’. En esta ocasión, ha optado por una producción más humilde, en la que sigue a un anciano que en su senilidad cree haber ganado un premio millonario, por lo que arrastra a su hijo a un viaje de muchos kilómetros.

En Nebraska nos encontramos con un personaje de otro tiempo, un perdedor cuya dignidad va a ser restituida en un relato profundamente emotivo. Esa América anclada en el pasado que muestra el film, el lugar al que pertenece el protagonista, explica la elección del blanco y negro y del formato en scope, con lentes anamórficas, que ha dado como resultado un trabajo de fotografía delicioso, nominado al Oscar este año, junto a trabajos tan impresionantes como el realizado por Roger Deakins para ‘Prisioneros’ o por Bruno Delbonnel para A propósito de Llewyn Davis. Este último caso también es fascinante, ya que se trata de otra historia de un perdedor, y su rodaje se realizó en formato analógico, dando como resultado unas imágenes con una gama de colores muy especial. La película de los Hermanos Coen demuestra que existen otras opciones estéticas perfectamente adecuadas para escribir la derrota.

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