Al límite: Mel Gibson, padre a la caza

Crítica: Al límite

Título: Al límite
Título original: Edge of Darkness
Director: Martin Campbell
Género: thriller
Duración: 110 minutos
Fecha de estreno en España: 26 de febrero
Intépretes: Mel Gibson, Ray Winstone, Danny Huston, Bojana Novakovic
Crítica: Al límite
Al límite, trailer español
Trailer: Edge of Darkness
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Thriller inusualmente dramático con apuntes muy poderosos. Estupendo Mel Gibson.

Al límite es la pobre traducción española de Edge of Darkness, un thriller con la venganza de un padre de trasfondo que supone el regreso a las pantallas como actor de Mel Gibson. Precisamente es él quien aporta sentimiento vivo –ya sea dolor, ira o sorpresa- a una película de lo más eficaz, gracias a la labor de su director, Martin Campbell, que ya dirigió la miniserie original.

Campbell, autor de la espléndida Casino Royale, dirige Al límite con su pulso habitual, sólo que esta vez más sosegado gracias al convincente tono dramático que le pide el relato, quizá sencillo pero nunca estúpido. En el film hay apenas un par de escenas o tres de acción, todas ellas breves como estallidos. Pero el neozelandés  se las ingenia para que todas ellas sean sorprendentes (atención al atropello de un personaje principal: impresionante), violentas (el trágico suceso que desencadena la trama) o simplemente relevantes. El neozelandés es un director como la copa de un pino, capaz de levantar guiones de parvulitos como los de ‘Límite Vertical’ y rellenar las lagunas de otro tan irregular como el de ‘Goldeneye’, sin ir más lejos.

Wiliam Monahan también hace un buen trabajo en el guión, que pese a ser meramente funcional y convencional, aporta un plus de oscuridad y pesimismo al que, sinceramente, estamos poco acostumbrados en un relato hollywoodiense. Sus diálogos enigmáticos y eficaces brillan en todas las escenas en las que Gibson dialoga con el personaje de Ray Winstone, una suerte de Garganta Profunda que el actor convierte en el personaje más interesante de la función. Existe en Al límite un matiz crítico contra gobiernos, instituciones privadas y fundaciones ecologistas bastante sangrante y nada descabellado, que nunca se impone a la trama principal y que colabora a darle contundencia a un desenlace más dramático de lo esperable.

Pero lo fundamental es que Al límite funciona gracias al peso dramático y humano que Gibson consigue darle a su personaje. Momentos como aquel en el que cuenta a su amigo Whitehouse sus reglas para ser buena persona, o su reacción después del primer asesinato en su propia casa, hacen que su regreso sea más que bienvenido. A ello colabora el tono dramático del film. Es en las visiones en las que el protagonista dialoga con su fallecida hija, puestas en escena por Campbell con su elegancia habitual, cuando el film despega y se aleja de espectáculos de acción más pirotécnicos.

De ese modo el film supera con creces ciertos defectos que le limitan un tanto. La investigación quizá termina de forma abrupta, y hay algún episodio menos verosímil que otro (los acontecimientos previos a su excelente final: y con excelente no me refiero al tiroteo, que también, sino al que tiene lugar justo después). No se trata de un film profundo, pero sin ser realista sí es más emocional y auténtico de lo esperado. Y sin darle una vuelta de tuerca a nada, destaca por su brutal efectividad y su ambigüedad, que permanecen en la memoria un buen rato después de verla.

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