Algunos cortometrajes buenos y/o muy buenos

Tres Cortometrajes. Jingle Bells es un cortometraje que trata sobre el cambio de la familia y de un chico de su infancia a su adolescencia. El silencio de las máquinas hace referencia (usando mucho el sonido) a las máquinas que se han ido. Un musical muy bueno. Esto de las terapias contemporáneas viene cada vez peor. Este cortometraje búlgaro se presenta bastante original.

Cartel del cortoComo una canción de navidad…
Una triste canción de navidad: «Jingle Bells»

¿Qué tipo de película habría surgido si «Home Alone» se hubiese hecho cuando el protagonista era adolescente?
No sólo a esto, y pese a que Macaulay Culkin ha tenido su experiencia con las drogas, que hubiese pasado si el chico, aparentemente como casi cualquier adolescente de accidente (perdón: «Occidente» [¡que mal chiste! a veces los juegos de palabras funcionan… pero a veces no…]) actual saliera con sus amigos a emborracharse y buscar chicas.
¿Y qué hubiese pasado si los ladrones ya no estaban debido a que se habían hecho muy viejos o habían decidido «ir por el buen camino»? Bueno ¿Qué hubiese pasado si tuviese que ser contada esa historia en un cortometraje? Más aún ¿qué hubiese pasado si ese cortometraje fuese español?

Primero voy a suponer que frente a los «adolesceres» de la pubertad, los cambios hormonales y los «temas» propios de esas edades podría haber dejado de ser una comedia. Que si tomamos en cuenta el planteo un poco mas naturalista en esa familia, en vez de ser cien y la madre serían solamente él y la madre. Cosa que efectivamente aquí se da…

Pero en fin. Dejémonos de bobadas. «Jingle Bells» es un cortomtraje español, dirigido por el joven David Casademunt. El guión le pertenece a él y a un tal Martí Lucas.

Empezará en el pasado. Un niño, que de «tan lindo» de primera creí que era una niña, verá junto a un árbol de navidad como se rompe un chirimbolo y le sangra la mano.

Luego, aparecerá este adolescente, también muy «lindo» (es más; parece sacado de alguna publicidad de productos «fashion» para jóvenes) con amigos, emborrachándose y diciendo «acción» mientras juegan a la botella. El acción significa que tendrá que besar (o vaya uno a saber qué) a una chica que «al azar» la botella que guía los rumbos de las noches ha seleccionado.

Llega a la casa, muy borracho. Cae en el suelo y entredormido vomita el piso. Aquí tenemos un plano explícito, que busca el «Agh ¡Qué asco!» del espectador ante esa imagen del vomito (¿serán pastas?) que sigue saliendo de su boca. El había evitado que todos sus amigos fueran a su casa diciendo «está mi madre»; pero a través de las imágenes se nos informa sobre su terrible soledad.

Al otro día llega su madre. Mientras le prepara la comida contará que llegó hace no mucho, inferiremos que limpió el vomito y lo toma como «algo normal» y no come con su hijo debido a que ya lo ha hecho. Ella está saliendo con algún señor y él se siente solo y falto de afecto.

En fin; el tema de este cortometraje pareciera ser justamente todo ese «adolecer» que implica el crecimiento. Con una clara comparación entre el tiempo «presente» de la adolescencia, donde no hay guías ni afectividad en comparación a ese tiempo de la infancia donde todo era más colorido, idealizado y el calor de la casa y los padres estaba vivo.

Con una gran fotografía y puesta en escena, con buenas actuaciones, con un guión claro, entendible y que sabe bien lo que quiere contar este se presenta como un buen cortometraje. Tal vez, me habré sentido algo molesto por una cierta «falta de originalidad«, sobre todo respecto a la historia que se cuenta. Esto puede ser relativizado. Es seguro que aquí hay talento potencial.

¿A dónde se fueron las machines? ¡A la Chine!

Les Machines

«Les silence des machines» o «El Silencio de las máquinas» es un cortometraje francés proveniente de la Escuela «La femis«. Se trata de un particular  cortometraje de 8 minutos de duración.

Mientras se suceden los créditos vemos como un hombre baja de un auto y camina al lado de un edificio. Llega hasta un lugar donde hay diversas mujeres y nombrándolas les pregunta qué pasa.
Uno no entiende la situación hasta que una le indica que entre. Abre una puerta metálica y entra en un galpón vacío. ¡En el galpón no hay nada! Un primer plano y escuchamos la pregunta por primera vez «¿A dónde se fueron las maquinas?». A partir de aquí se sucederán graciosos y simpáticos bailes en los cuales, las trabajadoras de ese pedazo de industria textil se pondrán sus uniformes y explicarán que las máquinas se han ido.

Se preguntarán que hacer mientras alguna nueva compañera llega, repitiendo la pregunta y recibiendo la misma rimada respuesta: «A la China«. El uso de los colores, la fotografía y la coreografía estarán muy bien. Generando un efectivo cortometraje que mezcla baile con diálogos y música.
Hay un momento en que las trabajadoras y, «el coordinador» (simplemente para darle algún nombre) empiezan a hacer una «manifestación» callejera musical que será brillante. Donde cada una hará un sonido funcionando como una máquina o parte de un mismo instrumento musical formado por esa pequeña masa de personas.

Con un final brutal, exquisito y también musical este cortometraje «colorinche» con herencia del cine de Jacques Demi se preguntará y abordará cuestiones más series y, tal vez, menos felices; de lo que a un espectador común puede parecerle.

He de reconocer que «el musical» no es un género que para nada me atraiga; pero también que con el dinamismo de la narración, con el uso de su particular humor y con la honda reflexión que este corto representa me he entretenido mucho; lo he disfrutado y da para pensar. Un buen cortometraje.

«Terapia Familiar», «Familiar Therapy», » Semeyna terapia»

Terapia Familiar

Tres nombres (en español, en inglés y en su idioma orginial) para designar a un mismo cortometraje. El mismo, con una duración de 13 minutos proviene de Bulgaria. Dirigido por Petar Valchanov el guión es suyo y de Kristina Grozeva.
El reparto estará conformado por Filip Trifonov, Ivanka Bratoeva, Elen Koleva, Leonid Yovchev y la «cinematografía» por Krum Rodríguez.
Este es un cortometraje que empieza con una familia, un matrimonio que va discutiendo en el auto. El esposo conduce mientras discute con su esposa. Ellos conforman la familia Radoslavovi. Una pareja que media entre los 50 y 60 años y que sabremos, tiene la costumbre de discutir todo el tiempo.

No sabemos bien sobre qué discuten; y bueno, tampoco pareciera importar. Parece ser simplemente una de esas parejas que discuten todo el tiempo; sea por la cuestión que sea.
Estos dos llegarán a su casa y una sorpresa les golpeará en la cara (literalmente). Han entrado dos jóvenes ladrones (también pareja) que están drogados y no tienen problema, aparentemente, en usar la violencia.

Esta situación limite hará que el matrimonio protagonista tenga que tomar una actitud y una posición muy determinada frente a una situación inesperada.

El corto (y no quiero contar mucho más de la trama, puesto que) logra dar algunas sorpresas interesantes. Con buenas actuaciones y un uso de encuadres y lenguaje cinematográfico que va muy bien con la historia se hará una reflexión sobre situaciones cotidianas; pero (y justamente) ante situaciones que dejan de serlo.

Inteligentemente contado, plantea una situación determinada y bien llevada que, hace que nos preguntemos y/o exclamemos: «¡Ja! ¡Las cosas que pueden funcionar como terapia!«. Es un corto que está más arriba del bueno. Creo que esto no sólo es debido a su buena factura técnica; sino a su originalidad.

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