Ángeles y Demonios: la otra cara de Ron Howard

la otra cara de Ron Howard

Título original: Angels & Demons
Director: Ron Howard
Duración: 130 minutos
Género: thriller
Intérpretes: Tom Hanks, Ewan McGregor, Ayelet Zurer, Stellan Skarsgard
Fecha de estreno en España: 15 de mayo
Ángeles y Demonios, trailer en español
Crítica: Ángeles y Demonios
¿Debo ir a verla? ★½☆☆☆ Howard aprende de algunos de los errores que cometió en El código Da Vinci. Sin embargo, entre la ridícula historia y la pobre puesta en escena le ha quedado una película tan floja como aquella.

Hace no muchas semanas se estrenaba (y casi nadie veía) El desafío: Frost contra Nixon. Aquella era una película de gran interés, con un texto excelente, unas interpretaciones asombrosas y una puesta en escena convincente y medida. Personalmente me sorprendía que una obra de ese calibre viniera firmada por alguien como Ron Howard, realizador de El código Da Vinci o de Una mente maravillosa, probablemente la peor ganadora del Oscar a Mejor Película de todos los tiempos. Apenas tres meses después de aquel lanzamiento se produce el de Ángeles y Demonios, una propuesta de Howard muy diferente tanto en lo referente al planteamiento como a los resultados.

Sin embargo, no debe extrañarnos esta doble cara de Howard, ya que el realizador viene construyendo esta dualidad desde principios de la década. Así, podríamos también enfrentar un producto navideño de consumo como El Grinch con una cinta pretendidamente seria como Cinderella Man. El espejo en el que se mira el pelirrojo director es en el de su maestro Steven Spielberg, capaz de estrenar en un mismo año Parque Jurásico y La lista de Schindler, Munich y La guerra de los mundos. El problema es que mientras que Spielberg magnifica el cine de entretenimiento y golpea al espectador cuando trata de ser trascendente, Howard es un mero usurpador de aburridas tardes de domingo, con una sola película indiscutible en más de treinta años de carrera.

Desde luego, esta Ángeles y Demonios es un tropezón en toda regla, y no esperábamos esto después del mencionado film protagonizado por Frank Langella y Michael Sheen. Howard aprende de algunos de los errores de El código Da Vinci, pero comete otros nuevos. Sabedor de lo poco distraída que resultó aquella película, en esta ocasión opta por un movimiento de cámara constante con el fin de conseguir una obra más dinámica. Y aunque es bastante cierto que esta se deja ver más fácilmente, no lo es menos que marear no es igual a entretener. Por lo menos, hay que agradecer al director que en esta ocasión haya sabido frenar los incontenibles (e incomprensibles) ataques de actuación que en su primera personificación de Robert Langdon tuviera Tom Hanks, que aquí parece limitarse a decir sus frases y coger el cheque. Y la israelí Ayelet Zurer es bastante mejor florero que Audrey Tatou, aunque no sea tan buena actriz (algo que tampoco importa mucho, por cierto).

En cualquier caso, lo peor de Ángeles y Demonios no procede ni de Howard, ni de sus guionistas, ni de sus actores. El punto más débil del film radica en la ridícula historia que cuenta, una sucesión de absurdidades que no puedo alcanzar a comprender que se convirtiera en best-seller (honestamente, ni he leído nada de Dan Brown ni pienso hacerlo). La trama se saca ases de la manga constantemente y según le conviene, pero sin que la trampa tenga en realidad ningún peso sobre el sentido final de lo que estamos viendo. El conglomerado de secuencias de Ángeles y Demonios es en realidad un camino tortuoso y condenado a la indiferencia, en el sentido de que es incapaz de llevarnos a ningún sitio concreto (mejor obviemos el ridículo final). Sinceramente, si esta película es la máxima preocupación de la Iglesia de Roma, no hay duda de que su posición como mayores vendedores de fe del mundo es muy sólida.

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