‘Anonymous’: ese estafador llamado Shakespeare

Inglaterra Isabelina, siglo XVI, un misterio que atañe al teatro londinense y un director conocido por clásicos del mainstream como ‘Independence Day’ o ‘2012’. Sí, Roland Emmerich cambia de registro, aunque no por ello renuncia a la espectacularidad que le otorga un diseño de producción impecable. De este modo, el alemán, acostumbrado a películas futuristas de diversa índole, decide esta vez hacer un viaje al pasado. Del thiller futurista al thriller histórico hay un paso, pero hay que atreverse a darlo si se es alguien como Emmerich. Sin embargo, el director parece moverse como pez en el agua por las intrigas palaciegas de la corte de Isabel I… pese a que un ambicioso, intrincado y oscuro (en el buen sentido) guión de John Orloff le ponga las cosas muy difíciles en más de una ocasión. El personaje principal queda en ocasiones desdibujado por una marabunta de figuras reales y ficticias, pero en general ‘Anonymous’ consigue mantener el tipo y resultar un divertimento de calidad.

Anonymous

En 'Anonymous', sangre y tinta se convierten en una misma cosa.

Emmerich recurre a una estructura basada en el flashback, ofrecida por el actor shakesperiano Derek Jacobi afirmando que «Shakespeare nunca escribió ni una sola palabra». Ello nos pone en antecedentes sobre lo que vamos a ver en pantalla. De hecho, ‘Anonymous’, que parte de la premisa de que existe un escritor desconocido por la historia al que se le atribuye el corpus teatral de Shakespeare, alberga tres niveles de narración que acaban confluyendo de manera solvente.

1. El primero de ellos pertenece al enigma: ¿quién escribió en realidad las obras de William Shakespeare? De este modo, la cinta pretende contarnos una aproximación diferente a la figura del dramaturgo. La de un hombre que no sabe escribir, una simple marioneta manejada desde las alturas, un fanfarrón aprovechado. Emmerich y su guionista proponen una arriesgada tesis que intentan mantener a lo largo de la película, pero ésta no se sostiene por sí sola (en las ficciones históricas, nunca lo hacen), sino que necesita de los dos segundos niveles para poder resultar digerible.

2. En este punto llega el momento de señalar un efectivo segundo nivel: el que concierne a las múltiples y enrevesadas intrigas políticas que tienen lugar en la Corte y, en última instancia, en el teatro londinense. Junto a ellas, o fusionadas con ellas mejor dicho, las intrigas amorosas y los romances prohibidos.

3. El tercer nivel de la narración consiste en una crítica evidente al puritanismo exacerbado de la sociedad isabelina, donde las obras de teatro estaban consideradas como producto del demonio. En este sentido, la cinta consigue reflejar el estatuto hereje del artista, un marginado e incomprendido social. Como vemos, el único culpable de que el arte se vea lastrado es una sociedad enferma y reprimida, algo que Emmerich consigue plasmar a la perfección.

De este modo Roland Emmerich da una vuelta de tuerca a su filmografía, componiendo una película donde el regusto es cien por cien británico. No en vano, el plantel de actores se encuentra formado por personalidades de la talla de Vanessa Readgrave, Rhys Ifans (visto en ‘Notting Hill’) o David Thewlis. Aficionados al cine histórico y a los relatos efectistas, esta es la vuestra.

Fuente / Notas de cine

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...