Atlántida Film Fest. Jornada 1: Entre la marcianada de Alps y el realismo de The Myth of The American Sleepover

Imagen de Alps

Atlántida Film Fest, el certamen online de cine inédito, comenzó su andadura con un título de excepción: Alps, el tercer largometraje de Yorgos Lanthimos. El autor de la muy extraña Canino vuelve a sorprender con un nueva marcianada  que provocará entusiasmos y odios a partes iguales.

La cinta sigue los pasos de un grupo de individuos que tienen una peculiar misión: ocupar el lugar de personas fallecidas mientras sus seres queridos se adecuan a la nueva situación. Lo curioso del asunto son los muchos problemas emocionales que acarrean los miembros de esta particular pandilla.

Al igual que ocurriera en Canino, Yorgos Lanthimos vuelve a ponerle las cosas al espectador más convencional. El cineasta griego recurre a planos de larga duración, elimina el uso de la música extradiegética  y ofrece momentos cercanos al surrealismo, como en aquel  en el que una de los protagonistas juega al tenis con un adolescente que ha sufrido un accidente.

El resultado es una película chocante, atípica y original que, sin embargo, se muestra bastante más dispersa y menos lograda que Canino. No obstante, aquellos que alabaron aquella cinta de Lanthimos posiblemente también se sientan atraídos por esta nueva marciana del griego.

Imagen de The Myth of American Sleepover

Muy distinta es The Myth of The American Sleepover,  debut en el largometraje del estadounidense de David Robert Mitchell. La película es uno de esos típicos productos indies que tratan dar una visión de la vida de los estadounidenses alejada de los arquetipos de Hollywood. Mitchell se fija en un grupo de jóvenes que pasan una noche de verano entre fiestas de pijamas, juergas en casas de padres ausentes y baños en el lago. A lo largo de unas pocas horas, los chavales flirtearán con el sexo opuesto, conocerán la decepción en el plano sentimental o romperán con su pareja.

El cineasta norteamericano muestra todo con cierta sensibilidad y sin caer en la sal gruesa de las películas de instituto, la cursilería de las comedias románticas o el tremendismo de los relatos adolescentes de Larry Clark. Sin embargo, aunque la película resulte bastante agradable, el espectador puede tener la sensación de encontrarse ante un largometraje ya visto. Quizá la sumisión de Mitchell a todos y cada uno de los tópicos del cine independiente norteamericano -canciones folk incluidas- resten puntos a una cinta simpática y emotiva.

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