Cinco series imprescindibles

El primer plano de Perdidos

Algunas de las mejores creaciones audiovisuales de los últimos años han sido series de televisión. Frente a la supuesta supremacía artística del cine, algunos creadores de la pequeña pantalla han hecho méritos para que esta pase a la historia como la edad dorada de las series (norteamericanas). Estas ficciones han encontrado el reconocimiento del público de todo el mundo, que se las ha ingeniado para seguirlas por cauces hasta ahora inéditos, y también de la crítica más seria (como demuestra el monográfico que han editado este mes nuestros compañeros de Cahiers du Cinema. España).

Lo que pretendo ahora es simplemente reseñar con extrema brevedad las cinco series que considero que nadie se debería perder. Notaréis que no hay ninguna pretensión de originalidad ni de ningún tipo por mi parte. Al necesitar las series una dedicación temporal muy superior a las películas convencionales, este crítico no ha podido disfrutar de algunas de ellas en su totalidad (Breaking Bad, Los Soprano) y otras ni siquiera las ha catado (Boardwalk Empire o Juego de tronos, el fénomeno del momento). Por lo demas, no solo se admiten sugerencias sino que se reclaman.

A dos metros bajo tierra (2001 – 2005)

El final de A dos metros bajo tierra

Fue junto a Los Soprano la encargada de iniciar esta edad de oro. Tras una primera temporada intachable, en las cuatro siguientes peca de cierta irregularidad. Aún así, merece la pena llegar hasta esos minutos finales, literalmente inolvidables, que logran que terminemos echando de menos a los Fisher, esa familia más o menos disfuncional que negocia con la muerte pero sobre todo con la vida.

Fringe (2008 – ? )

Fringe

De las aquí presentes, es la que ha recibido menos reconocimientos, con diferencia. Tal vez sea por su vocación desafiante de artefacto sci-fi enloquecido y en permanente lucha consigo mismo. El abandono progresivo de las rutinas procedimentales a partir de la segunda temporada, sumado a las deliciosas referencias y a la capacidad para sorprender, pero haciéndolo de verdad, convierten a Fringe en una obra que merece desmarcarse de una vez de la sombra de su hermana mayor.

El aplastante final de la tercera temporada podría ser un perfecto cierre endemoniado para la serie, pero parece que a partir de septiembre la historia proseguirá. No sé que más se puede inventar el equipo creado por JJ Abrams, pero siempre hay que tener fe en Fringe.

Mad Men (2007 – ?)

Mad Men

Viendo a Don Draper, Peggy Olsen y compañía, a uno le gustaría trasladarse al Nueva York de principios de los 60, ya sea para ver cantar a Dylan en el Carnegie Hall o para llorar con las chicas de la oficina la muerte de Marilyn. No sabría decir si el secreto del éxito de la serie está en la suma de una recreación intachable y unos guiones sutiles y extremadamente cuidados (su creador, Matthew Weiner, participa prácticamente en cada episodio) o en la metáfora existencial que tras ellos se esconde. Tal vez sea una mezcla de ambas cosas.

A pesar de algunos problemas de producción, finalmente habrá nuevos capítulos de Mad Men. Seguiremos comprando sus ideas, Mr. Draper.

Perdidos (2004 – 2010)

Lost: El ojo se cierra

Buñuel mostró en primerísimo plano como se rajaba un ojo en El perro andaluz, enseñándole al espectador que puede mirar de otra manera. Hitchcock prosiguió su senda surreal al vaciar las cuencas de una de las víctimas de Los Pájaros. Es destacable que el primer y el último plano de Perdidos también estén protagonizados por un ojo. Entre ambos, lo que vemos es un muy adictivo drama cuya naturaleza de enigma infinito cambió para muchos la forma de vivir la ficción. En realidad, Abrams no hizo más que manipular sus juguetes preferidos: fantasía, elasticidad temporal y las figuras paternas ausentes/problemáticas. Pero a ver quién es capaz de superar en emoción ese “¡Kate, we have to go back!”.

The Wire (2002 – 2008)

The Wire

No he ido a Egipto, pero supongo que contemplar las pirámides, obras perfectas y a escala sobrehumana, debe ser algo parecido a pensar esta serie en su totalidad. David Simon tomó Baltimore, su ciudad, y entre la realidad y el delirio (o más bien a partir de la delirante realidad), no solo diagnosticó los males de este mundo postcapitalista y absurdo sino que predijo con clarividencia los desastres que han venido después. Que exista algo como The Wire es sencillamente un milagro. No tengo nada más que añadir.

(Nota del autor: He elaborado este post especial porque es el número 1.000 que escribo para Notas de Cine. Gracias a todos los lectores y compañeros)

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