Cine Snuff, de leyenda urbana a recurso cinematográfico

Según la leyenda urbana, las snuff movies serían cortometrajes presentados en forma de un único plano secuencia en el que presenciamos la escena de un asesinato real, a menudo precedido de pornografía, con violaciones de mujeres o niños.

Le VoyeurEn sus orígenes, «snuff» significa «tabaco en polvo». Se convirtió en un sinónimo de «matar» a raíz de un libro de Ed Sanders, que afirmaba que Charles Manson y sus cómplices disfrutaban grabando sus asesinatos. Algo que resultó totalmente falso. El término snuff aparece en los años 70 para catalogar algunas películas clandestinas en las que abundaban los malos tratos y asesinatos. Parecido a lo que ocurrió en los años 30 con las primeras películas pornográficas, hay más gente que dice haber visto este tipo de cine que lo que realmente puede haber. Que la muerte sustituya al sexo para convertirse en producto consumible es más propio de los telediarios que de la industria cinematográfica. La leyenda de que existían películas “snuff” afectó no solo al cine sino también a la literatura y a los cómics.

Michael Findlay es el autor de Snuff, una película que, como ocurriera con Garganta Profunda es muy interesante por el ruido que provocó, más allá de sus escasas cualidades cinematográficas. En 1976, se proyectó en Nueva York, desencadenando el escándalo en una sala de Times Square. La gente se amontonaba en la puerta de la sala gritando no a la degradación y explotación de la mujer en el cine.

HardcoreFindlay era un realizador de softcores mediocres protagonizados por su joven esposa de diecisiete años. Se encuentra con la ola pornográfica del hardcore y no tiene más remedio que optar por una serie Z en la que busca aprovecharse de los escándalos de Charles Manson y sus seguidores, en la cinta quedan como héroes dispuestos a matar a una familia de antiguos nazis. La película se grababa en Argentina y se dobla en estudios norteamericanos. En estas condiciones, Findlay piensa que no encontrará distribuidor, pero en el horizonte aparece Carter Stevens, que añadirá una terrible escena final a la cinta y le pondrá el título: Snuff. Esta secuencia consistía en una violación de una de las actrices de la película, justo antes de matarla en condiciones terribles. Incluso hubo una investigación policial al respecto. Findlay moriría meses después en un terrible accidente de helicóptero. A partir de esta cinta nace el ridículo rumor de que después de haber rodado una cinta X se sacrificó a una actriz del rodaje, tras haber sido sometida a verdaderas torturas y abusos; el material queda en manos de algunos ricos capaces de gastarse grandes cantidades en este tipo de material.

Desde un punto de vista un poco más amplio, el snuff se compone de imágenes próximas al sadomasoquismo. En estas películas, las víctimas y los verdugos aparecerían respectivamente con cadenas y antifaces. El escándalo informativo supera a la realidad con creces. Los fanáticos religiosos ven la posibilidad de exteminar todo lo que es nocivo a la sociedad, y entre ello está la pornografía. Bajo una crisis de fe, Paul Schrader realiza Hardcore, oficialmente la primer película que trata el tema oponiendo a los fanáticos religiosos con la pornografía. El resultado es voluntariamente ambiguo.

Sin poseer el talento de Paul Schrader, Joel Schumacher dirigió una copia de calca titulada “Asesinato en 8mm, reciclando las mismas figuras estilísticas sin un gramo de sensibilidad ni de decencia, hundiendo de manera enfermiza en las cloacas ideas que el propio Bill Paxton hubiera encontrado inaceptables. Lo contrario lo tenemos en Videodrome, de David Cronenberg, dónde un directivo de un canal de televisión descubre una transmisión pirata enteramente dedicada al snuff. No hace tantos años, nuestro compatriota Alejandro Amenabar utilizaba en su formidable Tesis el snuff como motor de un thriller notable y señalaba la capacidad morbosa del ser humano sin caer en lo fácil. Kathryn Bigelow, trató este tema seriamente en la subestimada Strange Days, dónde un poli debe ver un snuff para encontrar el culpable del asesinato de un prójimo. Se entera de que se distribuyen películas de este tipo ilegalmente a cambio de dinero y que se pueden ver de manera interactiva y virtual con el fin de aprovecharse de restos de emociones. Algunos de ellos permiten por ejemplo experimentar la pérdida de la virginidad de una chica joven.

Mondo CaneEn Italia, Ruggero Deodato salta a la fama con Holocausto Caníbal. Tanto que tuvo que testificar ante un tribunal para probar que los protagonistas de su película estaban vivos (en particular, la mujer que sufre el empalamiento). Representa acontecimientos abyectos que permiten llegar a una reflexión sobre un conflicto Rousseauniano: la dicotomía entre civilización y salvajismo. Su objetivo no es divertir sino destacar que el hombre de la ciudad y el hombre de la selva son los mismos animales. Su antepasado no es otro que Mondo Cane (“mundo de perro” en italiano).

En su presentación al festival de Cannes en 1962, la película de Gualtiero Jacopetti, Paolo Cavara y Franco E. Prosperi causa sensación por la fuerza de sus imágenes. Este cuaderno de viaje de los horrores no responde a lo que se podría esperar de una película “mondo” que según la norma no se sitúa lejos el snuff movie. En comparación, se tiene que hacer a una comedia fascinante que invita a los defectos y a los trucajes. Para apreciar la audacia, es necesario poner de nuevo la película en su contexto (los años 60) y alquilar su concepto inédito en la clase horrenda que consiste en mezclar imágenes reales con otras fabricadas para la ocasión. Algunos animales sufren horrores: una tortuga, cerdos, gansos, perros, serpientes y toros. La escena de la matanza es tremenda. El modo será reanudado por artefactos del estilo de Mondo Nudo, de Francesco de Feo; Campo 731, del chino Tun Fei sobre las atrocidades cometidas en un campo de prisioneros japonés durante la guerra.

La explosión de Guinea Pig tiene lugar algunos años más tarde, recuerdo con bastante humor cómo colaron a los periodistas de Interviú la historia como si fuera real. Con una determinada virtuosidad, estas pequeñas películas nos hacen dudar entre lo que es realidad y lo que es ficción. Todo lo que se ve es rigurosamente artificial pero la eficacia es tal que parece que estemos ante una auténtica snuff movie. La historia quiso que Charlie Sheen pudiera ver por casualidad una de ellas (en concreto la segunda, Flower of Flesh and Blood), que enviara una copia al FBI y que estos últimos realizaran una investigación para saber si lo que se coraba en la cinta era tocino auténtico o carne de coneja. De los seis Guinea Pig, sigue siendo mucho más famosa esta segunda entrega. En ella asistimos a un asesinato crudo y realista en el que un psicópata toma la precaución de drogar a su víctima, afilar sus instrumentos de precisión quirúrgica y despedazarla. El mediometraje se presenta como un falso documental.

Hostel 2Actualmente, muchos autores asimilan el cine snuff a una leyenda urbana, un fantasma colectivo que no existe pero que inspira a muchos cineastas como Eli Roth y James Wan. En la misma lista podemos incluir a bastantes cineastas de Hong Kong que utilizan imágenes con grandes dosis de tomate en sus cintas. Son Hostel y Saw las películas actuales que ponen de manifiesto la necesidad de una atmósfera enfermiza por parte de los espectadores. La prohibición a menores de dieciocho años de Saw 3 reabrió el debate, el terror adolescente de Jeepers Creepers o Scream era sustituido por una atmósfera infecta que no gusta a los aficionados palomiteros ni a la América profundamente puritana.

La textura de Hostel 2 es casi onírica y reanuda todos los elementos del snuff (la violencia, el sexo, la muerte, la mafia y el dinero) en un clima de futuro fantasmagórico. Lo que difiere de la primera cinta que se vinculaba con una película de terror adolescente que pasaba a ser algo más fuerte durante los últimos veinte minutos. En las dos películas, el joven realizador hizo esfuerzos considerables para crear una atmósfera y una puesta en escena temible (basta con echar un vistazo a la escena de tortura donde una mujer toma un baño de sangre con una víctima suspendida del techo que se desangra como un animal).

Hay que esperar a una tercera parte de Hostel sin crear cansancio en el espectador. Para ello, Roth no debería caer en la crítica sadomaso y la denuncia cínica de Funny Games, de Michael Haneke que hace vivir el secuestro de una familia que incluso las astucias de cine (el mando a distancia que permite rebobinar la película) no puede salvar. El cineasta austríaco mecanografiaba exactamente y muy en su denuncia de la violencia. Funny Games pasó a ser una película culto al gran desasosiego del realizador que es el primero en reconocer que él cometió un error al denunciar la violencia con violencia. Haneke cita a menudo la Naranja Mecánica como ejemplo de película incomprendida. Kubrick estuvo a punto de prohibir la explotación comercial de su película. Michael Haneke volvía a los Estados Unidos, con Naomi Watts y Tim Roth en una nueva versión de Funny Games.

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