Copying Beethoven: una obra maestra

Ed Harris, como BeethovenEs agradable encontrarse en la cartelera con películas que se cuelan entre los títulos más comerciales. Hay que aplaudir a las distribuidoras, que normalmente relegan films como Copying Beethoven a las salas de cinéfilos y las ocultan al gran público. Bien es cierto que sus protagonistas, Ed Harris y Diane Kruger, son un aliciente. Pero no habrían sido los primeros actores en quedarse fuera de las multisalas por haber participado en una película de esas que se suelen calificar como ‘indie’ o ‘alternativa’.

Para hablar de Copying Beethoven debemos remontarnos a los últimos tiempos del genial compositor alemán; concretamente, hasta 1824, tres años antes de su muerte. Beethoven se encuentra en Viena dando los últimos retoques a su Novena Sinfonía, que debe estrenarse en apenas cuatro días. El problema es que necesita a alguien que copie sus partituras para los músicos que intervendrán en el concierto. Por eso pide ayuda al mejor alumno del conservatorio municipal… Que resulta ser una mujer: Anna Holtz. No hace falta decir que Beethoven acoge a Anna con el desprecio que se tenía entonces a toda mujer que demostraba inquietudes intelectuales. Más aún si se trata de una joven de 23 años que reside en un convento. Pero pronto Anna se revelará como un auténtico ángel caído del cielo y Beethoven no tendrá más remedio que tomarla en serio.Beethoven, junto a su sobrino

Cualquier crítica sobre esta película debe citar, por obligación, el trabajo de Ed Harris al meterse en la piel de Beethoven. Su interpretación podría calificarse de muchas formas, pero se podría resumir con una palabra: magistral. Por enésima vez, Harris brilla con luz propia y demuestra un talento increíble al meterse en la piel de un personaje real, como ya hizo con el pintor Jackson Pollock. No es fácil dar vida a un hombre con tantas contradicciones como Beethoven: sutil y grosero, sensible y agresivo, todo a la vez, estigmatizado por su sordera. No es fácil aprender a tocar el piano y el violín, documentarse sobre sus gestos, sus expresiones, su carácter y sus interrogantes religiosos. No es fácil convencer al espectador de que el hombre de la pantalla no es Ed Harris disfrazado, sino el mismísmo Ludwig van Beethoven. En definitiva: injusto sería que la Academia de Hollywood se olvidara de él, y menos cuando ya se ha quedado cuatro veces con la miel en los labios con sus personajes en Las Horas, Pollock, El show de Truman y Apolo 13.

Anna Holtz, el angel del compositorAhora bien, si la película funciona no es sólo por el excelente trabajo de Harris. Diane Kruger, en el papel de Anna Holtz, está casi a su altura. Aguanta con estoicidad todas las manías de Beethoven y transmite con su mirada todas las dudas y temores que la atormentan. Claro que, puestos a alabar, habría que destacar a la directora Agnieszka Holland. La polaca, responsable de plasmar en celuloide la gloria y el fracaso de Beethoven, dirige la composición con verdadera maestría. Copying Beethoven tiene una de las mejores secuencias del año: la del estreno de la Novena Sinfonía. Diez minutos que concluyen con el público ovacionando al compositor sin que él se dé cuenta, tal es su sordera. La imagen es conmovedora.

Poquitos ‘peros’ se le pueden poner a Copying Beethoven (quizá esa repentina desaparición del sobrino del músico, ya que no se sabe cómo termina su historia). De momento consiguió ser finalista en el Festival Internacional de San Sebastián. Veremos si en su carrera hacia los Oscar consigue recaudar más premios. Los merece.

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