Crítica: 2012

2012, crítica

Título: 2012
Director: Roland Emmerich
Género: ciencia-ficción
Fecha de estreno en España: 13 de noviembre
Intérpretes: John Cusack, Chiwetel Ejiofor, Amanda Peet, Danny Glover, Oliver Platt, Thandie Newton
2012, patético apocalipsis
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¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ 2012 es lo que promete, un film recomendable para entretenerse una tarde y olvidar al levantarse de la butaca

Tras estrenar El Día De Mañana, Roland Emmerich tuvo ocasión de relajarse por primera vez después de dos años de intenso trabajo. Sin embargo, algo le inquietaba por dentro, algo se movía en su interior. Todas las noches, en la cama de su casita en la playa, Roland se quedaba en blanco mirando al techo, se adormecía, pero rápidamente despertaba con las sábanas empapadas en su sudor. Se levantaba e iba al salón, y miraba por la ventana. Las olitas que inofensivamente rompían en la arena poco se parecían a las monstruosas murallas de agua que había incluido en su última epopeya catastrofista.

De pronto, se dio cuenta de que, como ser humano, se sentía tan inofensivo para el arte y el público como aquellas olas. Su última cinta, al igual que Independence Day, había inquietado a las masas con su contenido apocalíptico, pero aún así, seguían siendo catástrofes parciales, con muchas víctimas, sí, pero demasiado blanditas como corresponde a una catástrofe provocada por seres vivos. Tenía que haber algo con mayor impacto dramático que pusiese a prueba toda su capacidad para ofrecer espectáculo, y al mismo tiempo, le llenase artísticamente. Como buen alemán, Emmerich tenía en mente la tradición teutona sobre la creencia en un destino predeterminado e inevitable para todos y cada uno de nosotros. ¿Y qué podía haber más inevitable y trágico al mismo tiempo que la mismísima profecía del ‘fin del mundo’? Así nació esta película: 2012 era la respuesta.


En fin, 2012 es básicamente una nueva versión, aún más cara y larga, de ‘El Día De Mañana’. La estructura es muy parecida entre ambas películas, aunque en 2012 se incluyen referencias argumentales (y visuales) a cintas como La Guerra De Los Mundos (la de Spielberg), Cuando Los Mundos Chocan, o Deep Impact. Para los que no lo sepan, la premisa del film se sustenta en una profecía maya, que señala el equivalente al año 2012 de nuestro calendario como fecha de una fatal alineación entre los planetas y el sol que provocará, según el film, una serie de catástrofes relacionadas con el calentamiento del núcleo de nuestro planeta. Merece la pena decir que, más que el fin del mundo, lo que dicha profecía (y su interpretación esotérica contemporánea) viene a decir es que habrá una especie de reajuste de ciertas características del planeta Tierra, suficientes para acabar con gran parte de las especies animales, entre ellas la humana naturalmente.

Para su última cinta apocalíptica, Emmerich ha reunido a un nutrido reparto de caras conocidas pero ya bastante alejadas del estrellato (si es que alguna lo alcanzó en alguna ocasión): John Cusack, Thandie Newton, Amanda Peet, Danny Glover, Woody Harrelson y Oliver Platt conforman el núcleo protagonista de esta película. También anda por ahí Chiwetel Ejiofor, un actor que bien podría convertirse en el sucesor de Denzel Washington (con el que compartió cartel en ‘American Gangster’) si Hollywood le hiciese algo más de caso. Todos ellos hacen se ajustan bastante bien a sus personajes, aunque es poca la chicha que éstos les ofrecen, como es costumbre en las películas del director alemán.

Pero si hay algo que consigue hacer de 2012 un entretenimiento palomitero mínimamente digerible, es su irresistible espíritu de descerebrada serie B (con 200 millones de $ de presupuesto, claro), esta vez más acusado que nunca en la filmografía de Emmerich. Además, ayuda bastante a la suspensión de incredulidad el hecho de que la premisa del film esté basada en una profecía que es carne de revistas y programas esotéricos a lo ‘Fríker’ Jiménez, cosa que no ocurría en ‘El Día De Mañana’, donde pretendían darle una base científica real a los acontecimientos.

Asimismo, la película está trufada de un abundante, simplón, pero agradecido sentido del humor. Humor que, como es habitual en las películas del alemán, es tanto voluntario como involuntario. Algún personaje incluso no puede evitar soltar un comentario sarcástico sobre la repetitiva estructura de las diferentes peripecias que suceden en el film. Obviamente no faltan las pretendidas escenas sentimentaloides, pero la chufla con la que uno se las toma no resulta tan insultante gracias a ese tonillo jocoso que abunda en la película. La clásica puesta en escena de Emmerich asegura que el estruendo de ruidos e imágenes del que hace gala 2012 no reviente la cabeza del espectador, al contrario que los excesos de otros ‘ruidosos’ del cine-espectáculo actual como Miguelito Bahía (aka Michael Bay).

Los FX, por su parte, varían en calidad según la escena. Mientras que la primera carrera en coche por las calles de L.A. mientras la tierra se agrieta es de un cutre que asusta en estos tiempos, la posterior huida en avión de la ciudad californiana es francamente impresionante en cuanto al fotorrealismo de las imágenes. Sin duda, este es el momento cumbre de la película en cuanto a efectos especiales, a pesar de ser únicamente el comienzo de la orgía de catástrofes que ofrece el film. Durante el resto de la cinta, los FX mantendrán un buen nivel, pero no llegarán al extremo de la secuencia en L.A., aparte de que la sensación de ‘déja vú’ con respecto a ‘El Día De Mañana’ y otras cintas catastrofistas quita valor a los méritos técnicos de la nueva cinta de Emmerich.

En definitiva, 2012 es lo que promete, un film recomendable para entretenerse una tarde y olvidar al levantarse de la butaca. Lástima que su alargadísimo tercer acto (haciendo que la película llegue a unas excesivas dos horas y media de metraje) reste ligereza a una cinta que, por su tono, no debería de llegar a los extremos de pesadez que se alcanzan durante el clímax. En esto, Emmerich tuvo mejor criterio con El Día De Mañana, dos horitas justas de película y basta.

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