Crítica: A Roma con amor

Woody Allen no falla a su cita anual y ofrece uno de los ratos más divertidos del año, recuperando por el camino su faceta de cómico, siempre efectiva.

Woody Allen y judy Davis

Hay una escena a los pocos minutos de A Roma con amor que define a la perfección el momento en que se encuentra la carrera de su director y guionista. Sobre una azotea , Woody Allen y Judy Davis, su esposa en esta ficción, disfrutan de unas espectaculares vistas de la ciudad eterna y comentan la imposibilidad de que el personaje de él, Jerry, se jubile (dice “sería igual que morirse” o algo parecido, en su archiconocido registro), así como el recorrido en el pasado de su carrera en el campo de la producción de óperas, en el que dicen que fue un adelantado a su tiempo, incomprendido y criticado por ello. Es lo que tiene montar ‘La Traviata’ en una cabina telefónica.

Claro como el agua, pero sin perder el sentido de la ironía, Allen manifiesta sin pudor su imposibilidad de parar. A estas alturas, su ritmo de trabajo tiene mucho de gesto vital y artístico (también de rutina, recalcarán sus detractores). Es por ello que no le supone un inconveniente el desplazarse allí donde se le permita explayarse en su afilada disección de las pasiones y tristezas humanas, aunque ello implique un punto de vista turístico, de postal, que puede resultar algo molesto, más que nada por lo inhabitual del mismo. No obstante, si hay una verdad indiscutible en esa escena es que Roma no es un problema, sino una ciudad bellísima y llena de potenciales historias, también si es contemplada, como en el caso de Allen, desde las alturas.

Otro asunto es el diálogo autorreferencial que se produce sobre su carrera. Tras el trío histérico formado por ‘Desmontando a Harry’, ‘Celebrity’ y ‘Acordes y desacuerdos’, en el que manifestó abiertamente su sequía creativa (la palabra “HELP” escrita en el cielo), Allen parece haber renunciado a los experimentos formales que inició con ‘Edipo reprimido’ (su fragmento de ‘Historias de Nueva York’) y que prolongó durante la década de los 90, cuestionando los géneros, a sus principales influencias y a sí mismo. A estas alturas, no encontraremos riesgo ni novedad en el cine de Allen. El esperado homenaje a Fellini llega en A Roma con amor con la forma de hordas de paparazzis y de una línea argumental que se termina pareciendo bastante a ‘El jeque blanco’. Sin embargo, Allen ni siquiera intenta imitar el complicado mecanismo de construcción de puesta en escena que caracterizó al director de ‘La dolce vita’ (tentativa que, curiosamente, sí acometió en ‘Recuerdos’, hace más de tres décadas).

Pero hay algo que no falta en esta irregular recopilación de cuentos limítrofe con el absurdo y la frivolidad que es A Roma con amor. Y es una capacidad de divertir de un modo sano, a base de algunas ideas brillantes (todo lo relacionado con el cantante de ópera) y un par de frases lapidarias marca de la casa, que sigue siendo de lo más efectiva. A ello también contribuye la reaparición de Allen en su faceta de cómico, que solo se valora convenientemente cuando pasa varios años sin ponerse delante de las cámaras. Verle a los cinco minutos de metraje en un avión a punto de aterrizar, preocupado ante la posibilidad de una jubilación inmediata, es como volver a casa para los que llevamos toda la vida siguiéndole, una invitación a la risa que se antoja necesaria en estos tiempos grises, por no decir negros, en los que ir al cine se ha convertido en un acto de caridad del que se puede salir, si hay suerte, con unos cupones descuento para volver pronto.

Titulo: A Roma con amor
Título original: To Rome with love
Director: Woody Allen
Duración: 102 minutos
Género: comedia
Fecha de estreno: 21 de septiembre
Intérpretes: Woody Allen, Alec Baldwin, Roberto Begnini, Penélope Cruz, Judy Davis, Jesse Eisenberg, Ellen Page.
A Roma con amor, tráiler español
¿Debo ir a verla? ★★★★☆

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