Crítica: Acero Puro

Acero Puro

Título: Acero Puro
Título original: Real Steel
Director: Shawn Levy
Género: acción, drama
Duración: 122 minutos
Intérpretes: Hugh Jackman, Evangeline Lilly, Dakota Goyo
Acero Puro, trailer final español y póster
Taquilla USA: Acero puro golpea con fuerza
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Arrodillaos ante Hugh Jackman o pereced

Acero Puro es una película representativa del cine actual de Hollywood. Dejando de lado los resultados finales logrados por su director Shawn Levy (Noche en el Museo I y II), la cinta parece más el producto de una reunión de ejecutivos de la major correspondiente, arrojando ideas sobre la mesa para un futuro éxito de taquilla, que una historia pergeñada por un guionista en un borrador tradicional. Por eso, en la película que protagoniza un estupendo Hugh Jackman coexisten elementos muy diversos.

Por un lado tenemos la base literaria del reputado Richard Matheson, en cuyo relato corto ‘Steel’ se basa el guión de la cinta (más bien poco, intuyo). Tampoco podemos obviar cierto juego de mesa en el que un par de robots, uno rojo y otro azul, se golpean mutuamente según los usuarios del juego pulsan los botones correspondientes. Y existe también un referente visual muy directo, como es la odisea robótica de los ‘Transformers’ de Michael Bay, cuya última secuela se estrenó con éxito este verano (y también basada en una linea de juguetes).

Pero no se vayan todavía: los nombres de Steven Spielberg y Robert Zemeckis, ases cinematográficos que se consagraron en los ochenta a cierto tipo de cine juvenil y aventurero -que puso las primeras piedras para lo que hay ahora- figuran como productores ejecutivos de la cinta, algo que se nota en el intento de facturar un drama paternofilial emocionante. Y nos quedan todavía ‘Rocky’, ‘Campeón’, y otras aventuras pugilísticas adscritas al melodrama deportivo, cuyas convenciones y giros habituales el guión sigue al ciento por ciento. Por no hablar de ciertos toques de ciencia ficción más dura, estilo ‘Inteligencia Artificial’, visibles en un par de instantes muy, muy estimulantes en los que el bueno de Atom parece manifestar vida propia (la manera en que el robot «encuentra» in extremis al joven Charlie, o ese instante en el que el propio Atom, solo en la habitación, parece mirarse en un espejo). Y dejo a propósito para el final ‘Yo, el halcón’, aquella producción de la Cannon Group que protagonizó Stallone, y de la que la presente parece una actualización lujosa.

Si asimilamos la naturaleza de Acero Puro como película mutante, de producto derivativo de la era que aclama películas como ‘Piratas del Caribe’, lo cierto es que la cinta de Shawn Levy no sale tan mal parada. Prefiero su edulcorada y colorida concepción del drama de acción familiar (sic) a las gracietas de la saga protagonizada por Johnny Depp. La película tiene un aspecto visual muy contemporáneo -Michael Bay, para entendernos-, fruto de la estupenda fotografía de Mauro Fiore, repleta de reflejos, aceras mojadas y atardeceres de verano. Y Hugh Jackman es en sí mismo es el mejor efecto especial para cualquier película: el australiano consigue que le miremos a él siempre, no importa cuántos robots de última generación le rodeen. El guión, debido a al menos tres autores (y otros más sin acreditar) se centra absolutamente en la sentimental pero reconfortante relación padre-hijo que sostiene todo el armatoste Disney, bien punteada por las abundantes y ruidosas escenas de acción.

Lo peor de Acero Puro no es su vulgaridad, que personalmente encuentro deliciosa, sino que el simple de Shawn Levy no consigue encontrar el niño dentro de nosotros, como hubieran hecho Spielberg y Zemeckis. Esto que demuestra que el talento y la inspiración, en realidad, siempre han encontrado la manera de plasmarse en la pantalla.

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