Crítica: Algo prestado

Crítica: Algo prestado

Título: Algo prestado
Título original: Something Borrowed
Director: Luke Greenfield
Género: comedia romántica
Fecha de estreno: 17 de junio
Intérpretes: Kate Hudson, Ginnifer Goodwin, Colin Egglesfield, John Krasinski
¿Debo ir a verla? ★☆☆☆☆ Largometraje aburrido y rancio sólo apta para fans acérrimos de las comedias románticas

Las películas de bodas son casi un subgénero dentro de las comedias románticas. El tiempo inmediatamente anterior a pronunciar el «sí, quiero» suele ser un momento ideal para valorar conceptos como amistad, amor o madurez. De paso,  los típicos nervios de una decisión que suele marcar un antes y después de la vida de cualquier ser humano también resultan muy rentables desde un punto de vista dramático o cómico. Algo prestado se adapta a muchos de los tópicos de este tipo de cintas, aunque intente sin éxito acercarse a algunas muestras menos dulzonas del género como ‘La boda de mi mejor amigo’ o ‘Novia a la fuga’.

Basada en un best-seller homónimo de Emily Giffin, la película de Luke Greenfield, nos cuenta la historia de Rachel, una joven abogada que acaba de cumplir 30 años.  Al final del cumpleaños, la letrada tiene un affair con Dex, su compañero más querido de sus años universitarios y prometido de la que es su mejor amiga, Darcy. Rachel se dará cuenta entonces que siempre ha querido a Dex, mientras que el joven descubrirá que ama más a la que fuera su compañera de estudios que a su futura esposa. Ambos tendrán que superar una serie de obstáculos sociales y personales que harán que su relación no sea un camino de rosas.

Con estos elementos, Luke Greenfield dirige una película tremendamente convencional. Su puesta en escena es propia de una serie de televisión, mientras que su dirección de actores es casi inexistente. Kate Hudson resulta excesivamente gesticulante como esa mujer egocéntrica que se va a casar con el amor de su mejor amiga, mientras que Ginnifer Goodwin resulta insoportable en el  papel de la reprimida protagonista. Su sonrisa lastimera y sus ojos de cordero degollado son más propios de la típica cazamaridos que de una persona realmente enamorada. No obstante, las dos actrices son el colmo de la expresividad frente a una nulidad como Colin Egglesfield, pétreo galán de sonrisa dentífrica que encarna al objeto de deseo de las dos amigas Sólo John Krasinski, como el habitual pagafantas de la heroína romántica, consigue subir el bajísimo listón interpretativo.

Por si fuera poco, un guion repetitivo hasta lo intolerable y unos personajes antipáticos, hipócritas y eogistas, que dicen defender la amistad y el amor para terminar haciendo lo que más conviene a sus propios intereses, acaban de agriar este pastelito tontorrón y aburrido.

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