Crítica: An education

An education

Título: An education
Director: Lone Scherfig
Duración: 95 minutos
Fecha de estreno: 26 de febrero
Intépretes: Carey Mulligan, Peter Sarsgaard, Alfred Molina, Dominic Cooper, Rosamund Pike, Olivia Williams, Emma Thompson, Sally Hawkins.
Una educación, póster y tráiler en español
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¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Puede que no aporte absolutamente nada nuevo, pero es disfrutable y deliciosa. Carey Mulligan, luminosa revelación.

Hay un motivo esencial por el que una película como An education puede disgustar a ciertos sectores de la crítica. Se trata de la renuncia de sus creadores a aquello que los había convertido en autores, en pos de una obra que no brilla especialmente por su personalidad. Sin embargo, habría que preguntarse si en algunas ocasiones no es conveniente una ración de este cine impersonal y de qualité.

Vayamos por partes. Lone Scherfig, la realizadora de An education, comenzó su carrera con Italiano para principiantes, una curiosa película que trataba de arrastrar el romanticismo al interior de los límites del movimiento Dogma ’95, que también había acogido algo tan opuesto como Los idiotas, de Lars von Trier. Era difícil imaginar que en un periodo inferior a diez años, la directora danesa iba a acabar rodando una película en la que la música, la fotografía y una aplicación muy tradicional de la interpretación serían absolutamente relevantes.

Sobre Nick Hornby, escritor reconvertido en guionista para este proyecto, puede existir un cierto desacuerdo, ya que hay quien opina que sus novelas están ancladas en los sentimientos de la adolescencia. Yo no concuerdo en absoluto con ese pensamiento, y de hecho creo que Hornby es uno de los autores que mejor describe actualmente a los perdedores, a los no correspondidos en el amor. Y todo ello con una encantadora melomanía, que se dejó sentir en Alta fidelidad y en la adaptación al cine que de ella realizara Stephen Frears.

Pero tampoco hay casi rastro de los elementos que hacen de Hornby un autor durante la mayor parte del metraje. Si nos empeñamos, podemos encontrarnos al escritor en el joven Graham, el chico enamorado de la protagonista que ignora la relación que esta mantiene con un hombre que le dobla la edad. Pero el foco jamás se centra en él, limitándose la función de Hornby a la del mero guionista al servicio de una película funcional. La educación tradicional que en última instancia defiende el film parece haber corrompido a sus autores, obligándoles a renunciar a su propia voz.

Dicho todo lo cual, An education es una obra absolutamente deliciosa y disfrutable, por razones mucho más sencillas que las autorales. Me quedo con la voz de Juliette Gréco mientras los enamorados recorren los emblemáticos lugares de París, con esos diálogos tan bien escritos (y que no se estilan demasiado en el cine actual), y con la luminosa presencia de Carey Mulligan, auténtica revelación del evento. A pesar de los pesares, me quedo con An education.

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