Crítica: Asalto al tren Pelham 123

John Travolta en Asalto al tren Pelham 123

Título: Asalto al tren Pelham 123
Título original: The Taking of Pelham 123
Director: Tony Scott
Género: acción
Duración: 121 minutos
Intérpretes: Denzel Washington, John Travolta, Luis Guzmán, Victor Gojcaj, John Turturro, James Gandolfini.
Trailer: Asalto al tren Pelham 123
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Se disfruta con la misma facilidad con la que se olvida. No chirría nada en ella pero tampoco hay motivo alguno por el que destaque.

Esta Asalto al tren Pelham 123 es una nueva versión de la película homónima protagonizada por Walter Matthau en 1974, y que particularmente desconozco. Es curioso hasta donde llega en la actualidad la remakedependencia en Hollywwod, que ya incluso se recuperan películas cuya popularidad (obviamente no mencionaré su calidad), no ha logrado sobrevivir al paso del tiempo.

La escasez de ideas que vive gran parte del cine de los estudios es aplicable también al film que nos ocupa, una de esas películas que no tiene nada que no hayamos visto antes, aunque no por eso deja de ser un sólido entretenimiento, ideal para las fechas en las que estamos. La cinta distrae sin impresionar, y en realidad no hay nada especialmente memorable en ella, aunque al menos se ahorra las insultantes referencias a la actualidad de Transformers 2 o las pretendidamente impactantes escenas de acción que ya no impresionan a nadie.

Asalto al tren Pelham 123 no se siente culpable por ser lo que es, y esa es seguramente su gran virtud. Eso sí, no esperen ninguna revelación, porque las estrellas de esta producción dan exactamente lo que se espera de ellas. Denzel Washington vuelve a ser el hombre inocente y trabajador que se ve envuelto sin comerlo ni beberlo en una situación extraordinaria (esa era la premisa de la que partían la mayoría de los guiones de Hitchcock), aunque el hecho de que el personaje sea sospechoso de fraude le da un punto diferente. Por su parte, John Travolta repite a su habitual villano pasado de rosca, papel con el que parece pasárselo siempre bien y por el que no deja de recibir cheques.

Mención aparte merece Tony Scott, director que a estas alturas no impresiona a nadie con sus ralentizaciones, sobreimpresiones y cambios de tono. Después de que en Domino deformara tanto la imagen habitual del cine de acción hasta convertirla en un flujo prácticamente abstracto, su nueva película se puede considerar un paso atrás en su evolución formal. Tal vez ya no podamos esperar nada novedoso del realizador de Enemigo público o Spy Game, tal vez su mejor obra.

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