Crítica: Bajo amenaza

Póster de Bajo amenaza

Título: Bajo amenaza
Título original: Trespass
Directores: Joel Schumacher
Género: thriller
Fecha de estreno: 27 de enero de 2012
Intérpretes:  Nicolas Cage, Nicole Kidman, Cam Gigandet, Liana Liberato.
¿Debo ir a verla? ★½☆☆☆  Torpe e histriónico thriller sobre secuestros en el hogar familiar.

Los cineastas contemporáneos parecen dispuestos a violar la intimidad del hogar a la primera de cambio. El gran maestro del secuestro en nuestra propia casa es Michael Haneke, que rozó la obra maestra con Funny Games, la historia de dos jóvenes que se encargan de amargarle la vida a una apacible familia burguesa. Años más tarde volvería a repetir la hazaña en el remake norteamericano, una película con estrellas norteamericanas que no alcanzó la calidad del original. Hace unos meses, el español Miguel Ángel Vivas recuperaba en cierta manera el espíritu del cineasta europeo para darle un toque más violento en la notable Secuestrados.

Lástima que las dos películas posteriores que han ahondado en el subgénero, la infumable Trassgression y la floja Bajo amenaza, no hayan sabido estar a la altura de estos referentes más o menos cercanos. En el caso de la segunda, además, la sombra de la segunda película del director sevillano es muy alargada. Hay demasiados puntos en común entre ambas como para que sea una mera casualidad.

Bajo amenaza sigue los pasos de un experto en diamantes y su familia que son secuestrados por un grupo de maleantes que quieren un valioso collar que el hombre tiene en su poder. Sin embargo, lo que podría ser un simple asalto sin más consecuencias , se complica cuando el padre de familia se resiste a ponerles las cosas fáciles a sus captores y su esposa cree reconocer entre los criminales a un joven encargado de seguridad con el que flirteó. Por si fuera poco, la situación se complica aún más cuando la hija del matrimonio, una adolescente con los típicos problemas de la edad, llega a su casa y se encuentra con la terrible situación.

Rodada con su habitual sosería por Joel Schumacher, la cinta nunca consigue crear la tensión que pretende. El director americano se limita a poner la cámara en el lugar menos indicado y dirige a todo su reparto como si fuera un gallinero. El histerismo de los intérpretes puede provocar que el espectador termine desquiciado, aunque nunca acabe de sentir la angustia de los personajes.

Nicolas Cage vuelve a desmelarse en su papel de un progenitor que oculta un terrible secreto. No le ayuda demasiado una caracterización ridícula que convierte a la estrella en una especie de caricatura de los hombres de negocios de las películas de los setenta. Por su parte, Nicole Kidman se limita a chillar todo el tiempo y vuelve a demostrar que su capacidad interpretativa se desvaneció cuando se hizo la cirugía estética.

Por si fuera poco, el guion es convencional, muy poco sólido y escasamente original. En algunos casos, la historia tiene extrañas coincidencias con Secuestrados. Al igual que el filme español, los protagonistas se acaban de mudar de casa,  las relaciones entre la hija y los padres resulta un tanto tirantes, y uno de los captores trabajó en casa de los secuestrados . Sin embargo, a diferencia del largometraje de Vivas, nada resulta realmente emocionante. A todo ello hay que añadir una desafortunada tendencia a recurrir a los flashbacks para explicar las motivaciones de los personajes, aunque realmente no interesen demasiado.

Quizá si  la trama del filme se hubiera centrado en el secuestro, como hicieron Haneke y Vivas, y Schumacher supiera crear tensión estaríamos hablando de un largometraje entretenido y no de una aburrida vulgaridad.

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