Crítica: Blackthorn

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Titulo: Blackthorn
Director: Mateo Gil
Género: western
Duración: 105 minutos
Fecha de estreno: 1 de julio
Intérpretes: Sam Shepard, Eduardo Noriega, Magaly Solier, Stephen Rea.
Blackthorn (Sin destino), trailer español
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Interesante e irregular western sobre la amistad.

Mateo Gil realiza un alegato sobre la amistad en Blackthorn. Lo hace imaginando cómo hubiera sido la existencia de Butch Cassidy si hubiera sobrevivido al tiroteo que, según fuentes oficiales, acabó con su vida en 1908. El realizador canario y co-guionista habitual de Alejandro Amenábar nos presenta al forajido dos décadas después de aquellos sucesos. Ahora el viejo bandido sobrevive en el altiplano boliviano bajo el nombre de James Blackthorn. Cansado de su vida errante, el viejo pistolero decide reunirse en Estados Unidos con el hijo de Etta Place, la que fuera pareja de su amigo Sundance Kid. No obstante, sus planes se verán alterados cuando se cruce con un joven ingeniero español que ha robado el dinero de la mina en la que trabajaba. La hostilidad inicial entre ambos dará paso poco a poco a una relación de amistad.

Con este argumento, Gil desarrolla un western casi intimista que prima el retrato de personajes a las escenas de acción. Lo hace con la inestimable ayuda de un estupendo Sam Shepard, que consigue ganarse la simpatía del espectador en la piel de un viejo Butch Cassidy que añora los tiempos de su amistad con Sundance Kid y pretende revivirlos en cierta manera con el español. No se puede decir lo mismo de Eduardo Noriega, poco creíble como ese ingeniero de oscuras intenciones que se gana el cariño del viejo bandido norteamericano. Es precisamente esta diferencia entre el trabajo de los actores el que provoca uno de los múltiples desequilibrios de una película más interesante en sus planteamientos que en sus resultados.

En el debe de la película se encuentra también un guión que da vueltas una y otra vez sobre las mismas cuestiones, unos flashbacks que abordan el pasado de Butch Cassidy con una falta de intensidad verdaderamente preocupante y el escaso desarrollo de algunos personajes tan interesantes como el que da vida Stephen Rea, un viejo cazarrecompensas que ayuda a huir al bandido que ha estado persiguiendo durante gran parte de su vida.

Pese a estas deficiencias, el segundo largometraje como director de Mateo Gil no es un filme despreciable. El cineasta canario demuestra en su segundo largometraje como realizador que sabe rodar escenas de acción y sacar provecho de los paisajes bolivianos en los que se desarrolla el filme. Lástima que un guion desigual y repetitivo, firmado por Miguel Barros, lastre una bonita historia que podría haber dado más de sí.

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