Crítica: Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador

Título: Blancanieves y la leyenda del cazador
Título: Snowhite and the Huntsman
Director: Rupert Sanders
Género: aventuras
Fecha de estreno: 1 de junio
Intépretes: Kristen Stewart, Charlize Theron, Chris Hemsworth
Blancanieves y la leyenda del cazador, trailer extendido español
Breath of Life, videoclip del tema de Blancanieves y la leyenda del cazador
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Tan estimulante como irregular, pero siempre potente

Blancanieves y la leyenda del cazador es un curioso híbrido no exento de interés pese a sus desequilibrios. En ella caminan de la mano -aunque no siempre- el gigantismo del blockbuster contemporáneo, con todas sus irregularidades y excesos, con los lugares comunes del cuento legendario y su turbador contenido sociológico. Claro que tan importante o más es lo que el espectador percibe directamente en pantalla. Porque todo ello es visualizado por el realizador debutante Rupert Sanders con un ojo puesto en los estilismos del Ridley Scott más épico, el de superproducciones como ‘Gladiator’ o ‘Robin Hood’, y otro en la fantasía de la trilogía de los anillos del neozelandés Peter Jackson.

No obstante, el espectador purista todavía puede encontrar más razones para el enojo. Y es que quizá a la fórmula anterior haya que sumarle otro elemento aún más importante, surgido a raíz del éxito brutal, tanto en su mercado nacional como en el internacional, de la adaptación de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ realizada por Tim Burton hará un par de años, y con la que -de manera nada casual- Blancanieves y la leyenda del cazador comparte productores. Aunque la impresión que dejó aquel largometraje en la crítica y fans del director fue de frialdad e incluso rechazo, su triunfo comercial quizá obligó a Hollywood a mirar de frente a la fuente primigenia de la mayoría de relatos que produce, es decir, el cuento mágico y legendario en sus distintas variedades.

Sólo así se explica que en los últimos meses se hayan estrenado dos cintas basadas únicamente en el relato de Blancanieves, actualizado -que no escrito- por los hermanos Grimm hace ya algunos telediarios. O el éxito de producciones televisivas como ‘Érase una vez’ o, en menor medida, ‘Grimm’, que actualizan dentro de los parámetros del drama televisivo la moraleja y los personajes del cuento clásico, sólo por poner dos ejemplos.

Blancanieves y la leyenda del cazador es, por su parte, la encarnación viva del ‘high concept’ hollywodiense. Una cinta mastodóntica basada en mil y una ideas pero resumidas en un presupuesto intelectual perfectamente reducible a términos publicitarios. Un espectáculo de más de dos horas y valorado en casi doscientos millones de dólares que aglutina todo ese sustrato bajo el ánimo percutor de una producción veraniega orientada al inevitable público juvenil. Y por eso, o pese a ello, su gancho más vivo e incluso voluptuoso, más subterráneamente adulto -por mucho que la cinta brille, precisamente, por su ausencia de erotismo- es el enfrentamiento entre sus dos actrices protagonistas, una excelente Charlize Theron muy contenta de ejercer un papel de villana (pese a un puñado de escenas en las que aparece ciertamente sobreactuada: ver su reacción ante su hermano/amante Finn cuando éste deja escapar a Blancanieves), y la joven Kristen Stewart, quien vuelve aquí a desaprovechar una oportunidad para ir más allá de su estereotipo de la saga Crepúsculo. Es decir, de actuar.

Pero todo ello aparece gestionado por Sanders con el entusiasmo y las ganas de un realizador potencialmente brillante, al que sin embargo le falta aún una vuelta como narrador. Blancanieves y la leyenda del cazador tiene uno de los comienzos más sorprendentes, oscuros y valientes vistos en una producción de estas características. Sin que la violencia se despendole, Sanders impregna de horror e imprevisible crueldad el prólogo de la cinta, en el que se relata la llegada de Ravenna al Reino, así como todo el primer tercio de la misma, con bastantes instantes que manifiestan una incuestionable habilidad a la hora de mezclar fantasía y realismo (las horribles criaturas del bosque maldito… que en realidad son alucinaciones producidas por una sustancia producida por los hongos) e incluso talento a la hora de crear imágenes surrealistas e impecables (las memorables imágenes de Ravenna saliendo de un charco de pájaros muertos, o su baño en fluído vital blanco). Otros, también, y como extensión de ese realismo mencionado, resultan simplemente inquietantes por sus terribles implicaciones psicológicas (Finn, de nuevo, obsercazados su hermana conversar sola con el espejo, una criatura que sólo ella puede ver).

No obstante, y coincidiendo con la entrada en escena del leñador (Chris Hemsworth) el filme empieza a dar muestras de un prematuro cansancio narrativo, algo que en absoluto es culpa del actor de ‘Los Vengadores’. Ni Sanders ni el guión aciertan aquí a dar vida a la relación, entre paternal y amistosa, ineptamente cándida, del exsoldado y la joven Blancanieves, dejándonos a la espera de un enfrentamiento entre féminas demasiado precipitado. Un desenlace en el que Sanders parece heredar las virtudes, pero también alguno de los defectos -como la ausencia de progresión- de las últimas películas del que parece uno de sus referentes visuales y narrativos, el Ridley Scott responsable de ‘Robin Hood’ y ‘Gladiator’… pero también de la terriblemente fallida ‘Legend’, a la que de todas formas Sanders debería haber echado un vistazo más sosegado, debido a su mayor levedad y aparente ausencia de pretensiones.

Y así, con cierta sensación de pesadez, combinada con un incuestionable poder de fascinación, transcurre un cuento de acción tremendamente oscuro, demasiado serio -Sanders confunde intensidad con afán de trascendencia, un defecto muy común cuando no tienes el bagaje de Christopher Nolan- que, en realidad, no resulta tan indigesta. Blancanieves y la leyenda del cazador es irregular. Su primer tercio es mucho más potente que el posterior, más confuso y menos persuasivo, con secuencias como aquella que presenta a Blancanieves descubriendo ese bosque de criaturas fantásticas, en la que Sanders confunde emoción con el recurso a la estética de anuncio. Pero la cinta nunca pierde todo su músculo ni la unidad del tono debido precisamente al talento del realizador para poner en escena la fórmula con un afán visual casi sobresaliente.

Blancanieves y la leyenda del cazador pone la primera piedra -aunque quién sabe qué pasará- para la carrera de un director que podría, por qué no, seguir una trayectoria ascendente hacia ese territorio inexplorado que hay entre dos piezas básicas del cine de hoy como son -pese a quien pese- Michael Bay y David Fincher.

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