Crítica: Brüno

Brüno, Sacha Baron Cohen

Título original: Brüno
Director: Larry Charles
Género: comedia
Duración: 85 minutos
Intérpretes: Sacha Baron Cohen, Gustaf Hammarsten
Brüno, tráiler en español
Póster de Brüno, con Sacha Baron Cohen
Brüno, tráiler
¿Debo ir a verla? ★★★½☆ Tan salvaje como era de esperar, Sacha Baron Cohen repite -demasiado- el esquema de Borat para poner en evidencia todo uso o costumbre, mayoritaria o minoritaria.

El criticar Brüno por burlarse de los homosexuales –que lo hace- no se ajusta exactamente a la realidad, por mucho abucheo que le hayan propinado en el desfile del Orgullo. En realidad, eso son sólo los diez primeros minutos de película. A continuación, Sacha Baron Cohen tira a matar al mundo de la moda, a todas las religiones (todas), y en definitiva, a todo uso sexual, moral y político imaginable, y en varios continentes. Todos los que estén en la faz del planeta son susceptibles de ser puestos en evidencia por el genio británico.

Al igual que en Borat –film que, por cierto, considero algo superior a Brüno- Cohen utiliza el formato del falso documental para vehicular las andanzas del gay austriaco de 19 años Brüno (!¡) que viaja a EEUU en busca del sueño americano y la fama. Y utilizando a su personaje como anzuelo para sus víctimas, igual que manipula a la platea, Cohen se las ingenia para repetir la jugada más o menos igual que en aquélla. El verdadero objeto de su burla no es el lobby gay en absoluto. Tampoco el segundo o el tercero de los mencionados más arriba, sino la hipocresía social en sí mismas,  la satisfacción de ver rasgarse las vestiduras ante un sangrante chiste que evidencia el trasfondo de todo el asunto y nos obliga a enfrentarnos con nosotros mismos.

En Brüno manifiesta de nuevo su sano gusto por tocar los cojones por que sí, para poner a prueba todo aquello que toca y ver lo que queda en pie después de haberlo dinamitado. La carcajada –constante-, los momentos surrealistas –innumerables- y los infinitos chistes sexuales (algunos tan explícitos que rozan la pornografía: atención a la presentación de Brüno y su novio enano, o el primer plano de su pene en uno de sus vídeos) delatan su gusto por la manipulación descarada y la polémica gratuita. Todo queda sometido, no obstante, al juicio del espectador, agredido en ocasiones por lo que ve en pantalla casi tanto como la integridad física del pobre Brüno se ve amenazada en algunas escenas.

Pero Cohen parece hacerlo todo con un propósito muy claro, precisamente para evidenciar la carencia de escrúpulos de este circo enorme que es el mundo, en el que una madre es capaz de hacer adelgazar a su hija siete kilos en una semana para que salga en un anuncio, o en el que se recomienda a la hermana de Britney Spears un aborto preventivo ante la aprobación de una tertuliana televisiva. Todo cae ante Sacha Baron Cohen, que pone (suponemos) su propia integridad física en peligro en algunos de los tremendos momentos de cámara oculta del film. Atención a esa salvaje huida en Jerusalén de un grupo de enfervorecidos transeúntes, absolutamente terrorífica y delirante.

La carcajada en Brüno es constante, salvaje. El mayor pero que se le puede poner es que se repita el esquema de Borat con bastante exactitud, y que el efecto sorpresa del formato ha pasado. Pero merece la pena acercarse a ver el film, puro ejercicio de nihilismo destinado a poner a prueba a más de uno… o a todos.

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