Crítica: Caballo de batalla

Crítica: War Horse (Caballo de batalla)

Título: Caballo de batalla
Título original: War Horse
Director: Steven Spielberg
Género: Drama bélico
Reparto: Jeremy Irvine, Emily Watson, Peter Mullan, David Thewlis, Tom Hiddleston, Niels Arestrup, Celine Buckens
Duración: 146 minutos
Fecha de estreno: 10 de febrero
Caballo de batalla, tráiler en español
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Extraño pero admirable drama bélico, donde Spielberg demuestra que todavía camina varios pasos por delante de la gran mayoría de directores.

Caballo de batalla es la segunda ración de cine que Steven Spielberg nos sirve en pocos meses tras la irregular ‘Tintín y el secreto del unicornio’. En esta ocasión, el director vuelve a sus genuinos derroteros épico-sentimentales para contarnos la odisea de un caballo que va cambiando sucesivamente de dueños, desde la campiña inglesa hasta los distintos frentes y bandos de la I Guerra Mundial. De esta manera, Spielberg se atreve a ofrecernos una peculiar visión de aquel conflicto, pasada por el filtro de un animal humanizado en la línea más clásica del cine familiar.

Llegados a este punto, que nadie se asuste, ya que afortunadamente el director no ha optado por hacer hablar a los animales ni nada por el estilo. Sencillamente, el caballo protagonista será testigo de la crueldad de aquel conflicto, y especialmente de las terribles condiciones vividas tanto en las trincheras como en la retaguardia. Como suele ser bastante habitual en su cine, Spielberg ha contado con un nutrido reparto de actores sin estrellas, entre los que se mezclan caras relativamente conocidas y veteranas (Emily Watson, Peter Mullan o David Thewlis) con actores  casi desconocidos (el protagonista Jeremy Irvine, o Tom Hiddleston, más conocido por su papel de Loki en ‘Thor’).

Los intérpretes hacen unas interpretaciones bastante correctas en general, pero aquí la verdadera estrella es la inigualable capacidad de puesta en escena de Steven Spielberg. El célebre realizador se desmelena con un insuperable recital de cine clásico tuneado, donde caben desde las obvias referencias a John Ford o David O’Selznick hasta el autohomenaje que se da propio el director en varios momentos. Gracias a este fenomenal sentido del espectáculo y de los sentimientos, Spielberg consigue salvar los baches provocados por una trama excesivamente episódica y dispersa, combinada con un tono ciertamente extravagante donde el realizador juega a mostrar una historia dura de manera creible, pero negando al mismo tiempo la crudeza que sí otorgó a otras obras como ‘Salvar al soldado Ryan’ o ‘Munich’.

Es por esta extraña mezcla de realismo y almíbar que el resultado final se resiente con respecto a lo que este film podría haber sido, de haber optado Spielberg por un enfoque menos orientado al cine para todos los públicos. Pero con todo, la película sigue siendo tan espléndidamente épica, y supura tanto amor al cine por alguien que lo conoce como nadie, que incluso este fallido eclecticismo de estilos sabe a gloria dentro de la carrera de un realizador que, afortunadamente para todos, se niega a dejar morir su creatividad.

Caballo de batalla, aunque suene a tópico, es definitivamente otra de esas películas que nos recuerdan por qué vamos al cine.

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