Crítica: Casa de tolerancia

Bonello plantea una escenificación prodigiosa de un prostíbulo parisino de principios del siglo XX, componiendo planos de gran belleza pictórica. Una de las películas más originalesy logradas de los últimos tiempos.

L'Apollonide. Maison de les souvenirs close

En solo dos ocasiones, el cinematógrafo dirigido por Bertrand Bonello en Casa de tolerancia (inexpresiva traducción del original ‘L’Apollonide. Souvenirs de la maison close’) sale al exterior. Entre ambas secuencias, ha transcurrido un siglo. En la primera, las jóvenes trabajadoras de un prostíbulo de principios del siglo XX salen a pasar un día en el campo, a jugar, reírse y bañarse desnudas. Bonello recoge el momento con la impronta del Manet de ‘Le Déjeuner sur l’herbe’, regalando unas imágenes de fascinante hermosura. Cien años después, en el breve epílogo del film, las calles de París, repletas de vehículos, carentes de cualquier encanto, acogen en sus cunetas a otras prostitutas, que han perdido la elegancia y ejercen su oficio en medio de la jungla urbana. Algo ha cambiado, y no ha sido para bien.

Tampoco es que Casa de tolerancia sea en modo alguno una defensa de los viejos prostíbulos parisinos, a los que acudían los burgueses en busca de algo de amor o fantasía: las prostitutas están esclavizadas, presas de sus deudas, la tristeza las inunda constantemente y la enfermedad y el peligro acechan en todo momento (el recurrente recuerdo de una de las chicas siendo herida en el rostro). Pero Bonello también sabe transmitir, además de la decadencia, la vitalidad del lugar y especialmente de sus habitantes; de algún modo, se enamora de sus “putas tristes” y de la complicidad y el compañerismo que existe entre ellas.

Puede decirse que estamos ante un film entendido completamente desde la modernidad (se me ocurren posibles herencias de Godard, Rohmer o Raoul Ruiz), pero que no se olvida de las emociones. Sin que exista una progresión narrativa convencional, las múltiples tragedias que convergen en L’Apollonide son sugeridas mediante breves referencias. En esta contradicción entre un estilo elaboradísimo (la construcción de espacios sonoros, la variedad de recursos expresivos, incluyendo pantallas divididas) y la verdad que transmiten los personajes recae parte de la grandeza de Casa de tolerancia.

Su otra gran virtud es la formidable belleza formal de su puesta en escena. Bonello orquesta a la perfección el trabajo de los diferentes departamentos (vestuario, dirección artística, fotografía), logrando que la contemplación de su película sea sobrecogedora, a un nivel que en los últimos años solo igualaría ‘Misterios de Lisboa’. No solo Manet, también el Tolouse-Lautrec que pintó la revisión médica de un prostíbulo, Degas o Monet están entre los inspiradores de esta maravilla. Probablemente sea difícil que puedan verla (la distribución es muy limitada), pero si tienen la oportunidad, háganse el favor.

Titulo: Casa de tolerancia
Título original: L’Apollonide. Souvenirs de la maison close
Director: Bertrand Bonello
Duración: 122 minutos
Fecha de estreno: 24 de agosto
Intérpretes: Hafsia Herzi, Jasmine Trinca, Adele Haenel.
Casa de tolerancia, tráiler en español
¿Debo ir a verla? ★★★★½ 

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