Crítica: Caza a la espía

Caza a la espía crítica

Título: Caza a la espía
Título original: Fair Game
Director: Doug Liman
Género: thriller
Duración: 104 minutos
Fecha de estreno: 5 de noviembre
Intérpretes: Naomi Watts, Sean Penn, Noah Emmerich
Trailer: Caza a la espía
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ La cámara inquieta y enérgica de Liman mejora un thriller demasiado sobrio y poco escandaloso.

A pesar de la dirección de Doug Liman, cuya labor -aquí también como director de fotografía- siempre me parece estilosa y enérgica, Caza a la espía es un filme apenas correcto, demasiado pulcro y mucho más manso de lo que pretende.

La película describe el escándalo que costó el cargo a Karl Rove, uno de los puntales de la administración Bush, que dejó al descubierto a una de sus espías sólo para cobrarse cumplida venganza con el marido de ésta, responsable de un artículo ciertamente comprometedor respecto al papel del Gobierno en la sangrienta contienda de Irak.

En la puesta en escena de Liman, siempre dinámica y a la vez poco efectista, late el corazón de un artesano criado en la esfera del cine independiente, capaz de insertar algunos de los modismos de sus orígenes en el artificio de una gran producción. Su labor es adecuada para presentar la más o menos minuciosa y nada idealizada descripción de ese trabajo de campo del espía común y secreto, más atado a la mesa de trabajo que a las convenciones del cine de espionaje y acción, que es de lejos lo mejor de la cinta. No obstante, el tono distante y frío del filme, y la voluntad de Liman de no cargar las tintas en el aspecto melodramático de la historia acaban relegando Caza a la espía a una esfera absolutamente menor y a medio hacer en su dramaturgia, a lo que se suma una intencionalidad política loable pero demasiado evidente por su trazo grueso.

Mientras Paul Greengrass y Matt Damon optaron en Green Zone (y sobre todo en la propia trilogía Bourne, iniciada bastante bien por Liman) por embutir la tesis antibelicista y su reflexión sobre el individualismo en un atronador espectáculo de acción para compensar al personal, Caza a la espía escoge la senda de un thriller de denuncia un tanto ordinario vestido, eso sí, por la efectiva puesta en escena de Liman, que se las arregla para otorgar acción y dramatismo, además de cierta pasión, a un relato que carece de ella y que debe demasiado respeto a las explicaciones de su materia prima literaria, escrita por los dos protagonistas reales de la historia. Y tiene narices, porque se nota que Liman cree a pies juntillas en lo que cuenta. Pero la película da la impresión de ser una crónica unidimensional de un escándalo real de indudable importancia y significado pero que nunca llega a indignarnos como debería, impidiendo tomar forma a una ficción cuya subtrama de fatal crisis familiar avanza a trompicones, incapaz de funcionar más que como relleno dramático.

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