Crítica: Código Fuente

Código Fuente

Título: Código Fuente
Título original: Source Code
Director: Duncan Jones
Género: thriller, ciencia ficción
Duración: 93 minutos
Fecha de estreno en España: 15 de abril
Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Michelle Monaghan, Vera Farmiga
Código fuente, trailer en español
Código fuente: primeros cinco minutos de la película
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Tras la apariencia de un thriller más o menos convencional llega la primera gran sorpresa del año.

Que nadie se lleve a engaño. Código fuente no es ninguna superproducción. Ni falta que le hace. Con un coste de apenas treinta millones de dólares, el realizador británico Duncan Jones -hijo de David Bowie, como se ha dicho hasta la saciedad- ha confeccionado un artilugio ciencia ficción y suspense de lo más efectivo, que no apabulla al espectador con efectos especiales al tiempo que le desafía con conceptos e ideas de calado.

Código Fuente parece basarse en igual medida en Alfred Hitchcock que en Philip K. Dick. Sólo que a diferencia de filmes como Paycheck o la bienintencionada Destino Oculto, aquí todo funciona con la precisión de un rompecabezas perfecto y ajeno a modas. Lo primero que hay que alabar de la cinta de Jones es su aparente sencillez, reforzada por una duración de apenas noventa minutos realmente inusual.

El realizador británico pone el acento en el suspense en su acepción más clásica, desarrollando la trama en un espacio acotado y explotando hasta la saciedad las posibilidades del escenario y las atrevidas proposiciones temporales del guión de Ben Ripley. A ello suma las inmensas posibilidades de la temática de realidades virtuales (¿o serán viajes en el tiempo?) que conviven en armonía con lo anterior. Semejante ecuación no se nos atraganta al estar suavizada en todas sus aristas por un componente romántico y evocador que a este cronista no le pareció nada desechable, pese a algún exceso final (a lo que ayuda, probablemente, la primera actuación carismática de Jake Gyllenhaal en años, y la presencia absorbente de Michelle Monaghan, que se presenta aquí como una ladrona de planos).

Código fuente es un entretenimiento que explota perfectamente la faceta paranoica y tecnológica de la trama, pero con una veta sentimental y humana que acaba ganando la partida. Se trata, a diferencia de la enorme Origen de Christopher Nolan, de una aportación de ciencia ficción y acción de un tono premeditadamente menor que, a la chita callando, aporta una nueva vuelta de tuerca a las tan traídas y llevadas realidades virtuales. Un choque brutal de sensaciones que convierte a Código Fuente en toda una fiesta para el paladar cinematográfico.

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