Crítica: Cómo acabar con tu jefe

Cómo acabar con tu jefe crítica

Título: Cómo acabar con tu jefe
Título original: Horrible Bosses
Director: Seth Gordon
Género: comedia
Fecha de estreno: 16 de septiembre
Intépretes: Jason Bateman, Kevin Spacey, Jennifer Aniston, Colin Farrell
Trailer: Cómo acabar con tu jefe
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ No se le ha exprimido todo el jugo, pero es verdaderamente divertida (en V.O.)

En el panorama actual de la muy fértil comedia gamberra norteamericana, Cómo acabar con tu jefe navega un poco a dos bandas y sin acabar de decidirse entre la vertiente machuno-sentimental a la Apatow, y una quizá más vitriólica y oscurita, muy apropiada para estos días de titulares mustios, que encontraría un precedente más o menos directo en la descafeinada pero acertada ‘Trabajo basura’, de Mike Judge.

Esa indefinición no quita para que la película presente gags visuales, diálogos y situaciones verdaderamente divertidas. Porque a pesar de todo, hay aspectos en Cómo acabar con tu jefe que sí son memorables. La composición de Colin Farrell como un sádico cocainómano, desalmado y antigordos se lleva la palma, y menciono al irlandés porque a Kevin Spacey da la impresión de que disfruta más allá de lo imaginable. El enredo es constante y no se desmaya pese a las zancadillas, provenientes del propio guión. Y de todas formas existe un fantástico poso malévolo en la cinta, más allá de su humor voluntariamente grueso.

La película de Seth Gordon, de la escuela The Office y Modern Family, es divertida en todo momento, y aunque no se explora lo tangible de su malévola propuesta, el resultado es animado. Los tres amigos resultan divertidos juntos y por separado gracias a la labor de sus actores (por cierto, pequeño y molesto descubrimiento el de Charlie Day) y la decisión de dejar en manos de estrellas como Kevin Spacey, Colin Farrell y Jennifer Aniston la labor de interpretar a tres jefes psicópatas incómodamente auténticos resulta todo un acierto, como lo es también que no ocupen más minutos que los estrictamente necesarios.

Aunque hubiéramos deseado más putadas a sus empleados -lo que hubiera requerido quizá a un Ricky Gervais detrás del invento- finalmente, esta opción acaba resultando simplemente una más, ya que permite a Gordon desplazar la película hacia la parodia de cierto tipo de trama criminal, y sacarse de la manga la intervención salvadora de Jamie Foxx, que nos recuerda que siempre fue bueno en esto de  la comedia.

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