Crítica: Crepúsculo

Crepúsculo

Título original: Twilight
Directora: Catherine Hardwicke
Duración: 120 minutos
Género: romance, fantastica
Ya a la venta en DVD y Blu-Ray
Nuevo Trailer: Twilight (Crepúsculo)
Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Billy Burke, Cam Gigandet
¿Debo ir a verla? ★★☆☆☆ Aburrida en su vertiente romántica, desaprovechada en la fantástica y terrorífica. Que lo arreglen en la secuela.

La historia de amor vampírico y juvenil que ha seducido a las plateas mundiales podría haber dado bastante de sí en manos de un artesano más capaz de entretener a su público. Crepúsculo, que en realidad menosprecia a su fiel audiencia, es un relato que va continuamente por detrás del demográfico que la ha aclamado en todos los países. Un film que carece de sorpresas, suspense o intensidad: el espectador medio no sólo se adelanta continuamente a lo que en ella se cuenta, sino que además tiene que soportar la escasa agilidad que la directora Catherine Harwicke imprime al relato.

Perjudicada por un exceso de afectación en el tono que no se ve ratificada por el dramatismo de lo que en ella acontece, la cinta de Hardwicke quiere adquirir, sin éxito, un tono grave y trascendente para lo que, siendo objetivo, no es más que un romance prohibido de una castidad extrema al que le falta picardía, diversión y genuino peligro. Algo que no tenía que ser necesariamente malo. Pero Hardwicke demuestra que no sabe dirigir fantástico: parece ser de la rancia opinión de que dicho género va a ocultar la odisea personal de sus personajes, y se dedica a ocultar los rasgos del mismo a diestro y siniestro, a lo largo de la historia.

Y todo ello es culpa de su directora: Hardwicke, afortunadamente desplazada de la dirección de las posteriores entregas, es poco hábil con las escasísimas escenas de acción del producto,  no sabe visualizar los momentos de fantasía y terror -absolutamente inoperantes y episódicos-, y menosprecia la rica mitología e iconografía vampírica que hubiera podido aportar nuevas posibilidades al evento. Crepúsculo se conforma así con ser un plano telefilm de amores adolescentes.

Cada vez que uno de los superhumanos protagonistas tiene que subir a un árbol, detener una camioneta o pelear por su vida la directora no tiene demasiado interés por visualizarlo de forma verosímil o atractiva, cayendo en el ridículo en una o dos ocasiones climáticas (el paseo de Bella y Edward por los árboles, sin ir más lejos, en un momento que podría haber remitido al vuelo de Superman y Lois Lane por Metrópolis, pero que ni de lejos se acerca en romanticismo al del film de Richard Donner).

Tampoco ayuda, en realidad, la interpretación de sus dos guapos protagonistas, que confunden adolescencia con ensimismamiento, intensidad con extravagancia . En este punto, Kristen Stewart subraya demasiado las inseguridades de su personaje con una retahíla de pucheros que frenan cualquier identificación con su obsesión amorosa. Y Robert Pattinson trata de darle, sin éxito, tal oscuridad y pasión al personaje que la seriedad de la puesta en escena Hardwicke lo desplaza involuntariamente a la parodia.

Y por ello, a pesar de lograr imágenes atractivas y melancólicas, el film se revela tan monocromático emocionalmente como visualmente. Su falta de conflicto lleva al aburrimiento, aunque cabe reconocer que la acción mejora en sus últimos compases. Pero esto sucede cuando todo parece no tener demasiado arreglo, y el único punto a favor en este extremo es el ya clásico montaje falsamente «moderno» (que otorga cierta sensación malsana y alucinante a la obsesión de Bella por Edward), y la partitura de Carter Burwell, que sí tiene ese tono dramático y extraño que la historia busca tan desesperadamente.

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