Crítica: Cumbres borrascosas (2011)

Titulo: Cumbres borrascosas
Título original: Wuthering Heights
Directora: Andrea Arnold
Género: drama
Duración: 128 minutos
Fecha de estreno: 30 de marzo de 2012
Intérpretes: Kaya Scodelario, James Howson, Nichola Burley, Steve Evets, Oliver Milburn, Amy Wren, James Northcote.
¿Debo ir a verla? ★★★☆☆ Curiosa adaptación de la novela de Emily Brontë, donde el entorno es tan importante o más que los propios personajes.

La directora Andrea Arnold asume un reto difícil al llevar de nuevo a la pantalla Cumbres borrascosas. Su gran handicap es aportar algo nuevo con un texto que ha sido adaptado al cine y la televisión en numerosas ocasiones. Entre las versiones más recordadas destacan la película de William Wyler, que optó por potenciar el aspecto romántico del libro, o Luis Buñuel, que subrayó los aspectos más surrealistas de la trama en su infravalorada Abismos de pasión. En España también tuvo cierta repercusión la terrible versión de Peter Kominsky, que contaba con Ralph Fiennes y Juliette Binoche en los papeles principales.

Arnold ha decidido desviarse un tanto de adaptaciones anteriores para mostrarnos que la pasión amorosa de Heathcliff y Cathy no es tan distinta de la que pueden tener un par de chavales de suburbio. La realizadora nos sitúa a los dos personajes en un entorno hóstil donde el frío, el viento y la naturaleza salvaje parecen alimentar la loca pasión de los dos protagonistas.

La directora añade también un elemento nuevo: Heatcliff es por primera vez un emigrante negro en tierras inglesas. Este dato aumenta más si cabe los paralelismos entre el desapacible lugar donde tiene lugar la acción y esos barrios degradadados que aparecían en los dos anteriores largometrajes de la cinesta, la interesante Red Road y la notable Fish Tank.

El resto del argumento es bastante fiel al clásico de la literatura inglesa. La película sigue los pasos de Heathcliff, un chico acogido por una familia de granjeros, y Cathy, la hija del clan, desde su adolescencia hasta la juventud. Ambos se enamoran, aunque las imposiciones sociales impedirán que puedan convivir juntos.

Arnold opta por ofrecernos una película donde el entorno y los aspectos sensoriales son tan importantes como el argumento. En gran parte de la cinta escuchamos el sonido del viento y la lluvia que caen en la casa y los campos donde transcurre gran parte de la acción. A la vez, la realizadora está atenta también a otras sensaciones que experimentan los protagonistas e intenta recrearlas a través de imágenes.

El resultado es una adaptación novedosa donde los elementos metereológicos y el ambiente que rodea a los protagonistas son un personaje más que condiciona sus comportamientos. Arnold no olvida que estamos ante una historia de amor loco, aunque no potencia el tono romántico como hiciera Wyler ni exacerba los elementos surrealistas como hiciera Buñuel.

Lástima que su deseo de ser rompedora se vuelva un tanto contra la película. Cierto desapasionamiento general y su tendencia a reincidir una y otra vez en los mismos elementos ambientales acaban restando fuerza a una propuesta arriesgada e interesante.

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