Crítica de cine: Bon appétit

Bon Appétit, historias de amigos que se besan es una película amable, una comedia romántica al más espíritu europeo que huye de los clichés hollywoodienses

Unax Ugalde y Nora Tschirner viven una intensa y complicada relación entre fogones

¿Qué tendrá el mundo de la cocina que tantos directores han utilizado los fogones para recrear pequeñas historias que calan en la memoria? Algunas tan destacables como la alemana Deliciosa Martha o la animada Ratatouille como ejemplos dispares en su concepción pero con magníficos resultados cinematográficos. Pues tenemos un nuevo plato con Bon Appétit, historias de amigos que se besan. Puede que no llegue a los mismos grados de intensidad que algunas muestras más elaboradas y que la sencillez de su propuesta decepciones a aquellos con un paladar exclusivo y exquisito, pero para aquellos que disfrutan de los sabores sencillos tendrán en este nuevo plato una ligera pero agradable digestión.

Este film es la ópera prima del director español David Pinillos y obtuvo un premio en el Festival de Valladolid. Es importante advertir que poco tiene que ver con la clásica comedia romántica de Hollywood tan dada a las situaciones entre ñoñas y divertidas. En Bon Appétit se apuesta más por la dirección más europea con un uso del silencio en situaciones y sin abusar de caminos gastados en este tipo de película.

En cuanto a la historia es de esas que apetece ver. El personaje que interpreta Ugalde es un chef español con mucho talento y que logra una plaza en uno de los restaurantes más prestigiosos de Zurich. Allí demostrará su saber hacer en los fogones y a la vez irá entablando amistad con la sumiller del restaurante, una fascinante Tschirner, que está manteniendo una relación amorosa con el dueño del restaurante. Y el lío empieza con un simple beso, como explica el subtitulo de la película: historias de amigos que se besan.

A Pinillos se le ha de reconocer haber tenido buen ojo con la elección de los protagonistas. Tanto Unax Ugalde y Nora Tschirner dan verosimilitud a unos personajes que rápidamente se ganan el cariño del espectador. La historia eso sí es una lucha entre mantener un espíritu original con algunos clichés que no ha logrado evitar. Algo comprensible. Uno de éstos, y que últimamente parece un dogma para este tipo de películas, es la elección de música indie melancólica que acompañan a algunas escenas destacadas.

En definitiva, una película agradable y que se ve con una sonrisa en la boca, pero que sin embargo se queda a la mitad del camino y que comparada con otras comedias románticas como 500 días juntos queda en una clara inferioridad.

Fotografía: web oficial

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