Crítica de Cine: Copia Certificada

El director iraní Abbas Kiarostami propone un juego al espectador en su primera película íntegramente europa, Copia Certificada, en la que destaca la actuación de Juliete Binoche

Juliete Binoche realiza una maravillosa actuación en Copia Certificada

Cuando uno está viendo la película, cuando el argumento ya está en pleno apogeo te viene a la cabeza una pregunta: ¿Es un juego de los personajes o el director iraní Abbas Kiarostami está jugando con el espectador? Quizás no sea una dicotomía sino que sea ambas cosas a la vez. Con esta Copia Certificada se abre tantos temas que es complicado absorber todo en una primera visión, por lo que un segundo visionado es casi imprescindible.

El argumento inicial, o al menos la primera capa superficial de esta película, habla de la presentación de un libro sobre las copias artísticas por parte de su inglés autor. Allí conocerá a una mujer francesa, madre de un hijo, con quien irá a dar una pequeña excursión por un pueblo cercano de la Toscana, con la excusa de ver una copia de una obra muy famosa. En unas horas hablaran de conceptos amplios que versan desde el concepto de la belleza, de la soledad, del amor y de las relaciones.

Pero repito se trata sólo de una versión superficial del filme. Hay muchas fases en el filme, como la de saber si realmente se conocían de antes o no. Si ese juego que proponen es real o si era real justo el punto de partida.


Seducción contenida. El escritor acepta las reglas que el personaje que borda Binoche le propone. Por momentos, incluso casi adopta el papel de espectador de excepción que no quiere o no sabe cruzar la puerta de la sensualidad que desprende Binoche (especialmente en la escena del motel).

La película es una demostración de talento en la actuación de los dos protagonistas, sobre todo, de Juliete Binoche, que está absolutamente espléndida y refleja que no sólo se come la cámara sino que la devora de forma voraz. William Shimell por su parte tiene el gran hándicap de que su buena actuación debe compartir tiempo y espacio con esta actriz francesa que no envejece, sino crece en su sabiduría.

Un juego complejo que dejará poso en el espectador que quiera algo más que noventa minutos de puro entretenimiento. Porque si el director iraní es un gran maestro en algo es en lograr seducir de forma silenciosa y en encender en el espectador un engranaje que hace que piense, reflexione y se pregunte. Uno de los grandes objetivos que deberían tener cualquier director de cine con personalidad.

Fotografía: eventos-barcelona

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