Crítica de cine: Imparable

Una película que bebe de un subgénero muy exitoso en los años 70 y 80

Denzel Washington es uno de esos actores que mantiene el status de estrella desde hace ya muchos años. Su presencia garantiza taquillas más que aceptables y un cierto reconocimiento artístico. Algo parecido podríamos decir como director de Tony Scott, con una gran capacidad para crear productos entretenidos y de una cierta calidad cinematográfica. Ambos vuelven a coincidir en una producción basada en hechos reales.

Aunque ambos se podrían decir que son los nombres que deberían ser el principal reclamo para pasar por taquillas, la verdadera estrella del filme no es otro que el tren desbocado y sin control que llevará por la calle de la amargura a toda Pensilvania. Y es que un tren lleno de material altamente tóxico e inflamable avanza de forma inexorable e incontrolada dejando en su camino un carrusel de caos y destrozos. Y es entonces cuando un experto mecánico ferroviario (Denzel Washington) y un conductor novato (Chris Pine), buscarán la fórmula para intentar detenerlo con tiempo suficiente para evitar una masacre en una zona densamente poblada.

¿No os suena a un argumento visto mil veces? Y es que esto de las películas con un vehículo (terrestre, aéreo o marítimo) descontrolado suele aparecer de forma constante en las exigidas mentes de los guionistas de Hollywood. Aunque no todas pueden ser como la excelente Speed. Pero Imparable no es una mala película. Scott logra imprimir a esta producción un ritmo trepidante y con su impecable puesta en escena, que en eso hay pocos que le puedan mejorar.


Denzel Washington actúa en la misma línea que lleva tanto tiempo: correcto, creíble pero recreándose en sus clichés de estrella. Que conste que es uno de esos actores a los que siempre le pongo buena nota, pero he de reconocer que a veces me gustaría que intentara variar de registro y dejar de ser el eterno héroe (incluso siendo un mafioso y traficante en American Gangster, desprendía ese aire de estrella). En cuanto a Chris Pine mantiene bien el tipo en el duelo interpretativo ante este actor consolidado.

No podría dejar de nombrar a Rosario Dawson, actriz que me enamoró en Siete Almas. En la película de Scott interpreta a una controladora de trenes que mantiene un contacto continuo por radio con los dos protagonistas. Les aporta la calma y la frialdad necesaria en las situaciones más complicadas. En definitiva una película para pasar una tarde comiendo palomitas y que lograr entretener sin pretender buscar nada más.

Fotografía: web oficial

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