Crítica de Cine: Skyline

Skyline venía precedida por las expectativas creadas por los fans del género y por el propio autobombo. Tras su visionado uno se siente engañado por un nefasto guión.

Los efectos especiales y el diseño de las naves espaciales son lo mejor de la película

Cuando me siento en una butaca para ver una película de ciencia ficción soy como uno de esos padres estrictos que saben que sus hijos son potencialmente válidos e inteligentes, y les exige tanto que difícilmente podrán cumplir con sus expectativas. Pero sé que es posible, sé que con un buen hacer del guión, del director y de los efectos especiales se pueden lograr obras de arte atemporales como Blade Runner o la trilogía original de Star Wars, por poner sólo dos ejemplos.

Y heme aquí con una cara que me llega al suelo porque acabo de pasar por la tortura de visionar Skyline, producción dirigida por los hermanos Colin y Gregg Strause. Película que viene precedida de una buena campaña de publicidad que, como efecto contrario al deseado, ha dejado al espectador como un enemigo insuperable.  Tanto comentar que con “sólo” (abro unas comillas de tamaño XXL) 20 millones de presupuesto se había creado una gran película independiente de OVNIS o extraterrestres, pues claro, luego ocurren estas decepciones.

El argumento está tan gastado con un chicle masticado: una invasión de extraterrestres de toda la vida. Pero es que tan sólo el diseño de las naves espaciales merece la pena verlo. Porque los hermanos Strause, sí que sacan nota con los efectos especiales, su auténtica especialidad, pero suspenden con un rosco enorme en cuanto a lo que hace que una película merezca la pena y tenga alma. Nunca te crees los personajes ni hace que el espectador sienta en algún momento la necesaria sintonía con los pobres desgraciados que están sufriendo la llegada de unos seres extraterrestres casi invencibles.


En cuanto a los actores, no hay mucho que hablar. Pasan completamente desapercibidos, aunque personalmente me ha hecho gracia encontrarme a Donald Faison, el inolvidable cirujano de la imprescindible serie Scrubs. El resto, son actuaciones completamente olvidables y que suman a este despropósito de película. Quizás con un guión y, sobre todo, unos diálogos más elaborados podrían haberse lucido un poco más, pero es que en la película casi todo roza la mediocridad.

Pues si estabas esperando la llegada del frío para poder ver una buena película de ciencia ficción mejor espera a próximos estrenos, porque esta variación mala de Independence Day no merece la pena. Lo peor de todo es que para muchos aficionados de este tipo de películas, pueden disfrutar en algunos momentos, gracias a los efectos especiales y al pseudofinal en el que el amor supera incluso a los extraterrestres.

Fotografía: web oficial

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