Crítica de The end, el último capítulo de Perdidos

El final de Perdidos

Título: Perdidos. Capítulo final: The end
Título original: Lost
Director: Jack Bender
Duración: 100 minutos
Fecha de emisión: 23 de mayo
Intérpretes: Matthew Fox, Evangine Lily, Terry O’Quinn, Josh Holloway.
¿Debo ir a verla? ★★★★★ La serie se despide reclamándonos a nosotros el mayor salto de fe. ¿Lo debemos dar? Sin duda: Lost se lo merece.

ATENCIÓN. Contiene todos los spoilers posibles. Estáis avisados.

Con una serie de televisión como Perdidos pasa como con las grandes canciones, que acaban formando parte de nuestra vida (algo que casi nunca sucede con las películas). Es por ello que en Notas de cine hemos decidido escapar de nuestra limitación temática habitual, y comentar el que ha sido el último y esperadísimo episodio de la serie de la ABC. Horas antes de la finale, escribía en el blog Y encima se llamaba Alabama que Lost es un enigma sin fin, que a medida que ha avanzado ha ido estrechando el cerco a la abstracción espacio-temporal. Una vez visto el desenlace, podemos decir que no andaba desencaminado… o sí.

Si uno conoce bien Perdidos, y asiste a los primeros noventa minutos del episodio, no puede negar que está ante un final de temporada en la mejor tradición de la serie. Las líneas temporales se mezclan con fluidez, aunque sin que podamos desentrañar su relación de causalidad, y las escenas de acción y tensión se combinan con las más emotivas, presentes sobre todo en esa realidad alternativa, formada por los llamados flashsideways, y a la que desde hoy ya podemos dar un nombre concreto y bien distinto. Decenas de personajes (bien construidos, con sus dramas), algunos de los cuales llevaban un tiempo fuera de combate, desfilan por la pantalla en un ejercicio de equilibrismo narrativo ciertamente meritorio. Hasta el momento en que Jack entra en la Iglesia, las quejas de los fans me imagino que serán pocas. El círculo de la trama se cierra, a pesar de las disonancias, con una simetría que parecía casi imposible de lograr.

…y al final

La aclaración de lo que ocurre al final es obligada, ya que, bien por la falta de sueño o por los comentarios vertidos desde la propia televisión (ese mal necesario), en un principio no se ha entendido bien. Y aunque haya infinitos cabos sueltos (algo que está en la propia naturaleza de la serie), esto no llega a ser Mullholland Drive. Por la red ya circulan explicaciones muy bien fundamentadas, aunque en realidad basta con prestar atención a las conversaciones finales (la de Jack con su padre, la de Hugo y Ben) para entenderlo todo sin muchos problemas.

En el desenlace de Lost, están dos de las grandes obsesiones de la serie. La primera, la narrativa: la desubicación temporal como forma de sorpresa. Pasado, presente y futuro se han combinado a lo largo de las cinco temporadas anteriores, confundiendo en ocasiones al espectador. En esta última tanda de episodios, el salto de fe que nos reclaman es aún mayor. En la finale de la tercera temporada, absolutamente memorable, jugaban con nuestra percepción durante dos horas. En esta ocasión, lo han hecho durante un metraje diez veces mayor. La realidad alternativa carece en realidad de un espacio y un tiempo concretos. Se trata de un purgatorio, con connotaciones religiosas no especificadas (atención a los múltiples símbolos que vemos en la vidriera que hay detrás de Jack en la habitación en la que está el ataúd), en el que los losties se redimen antes de acudir al cielo.

La segunda obsesión, temática: la figura del padre, generalmente ausente o problemática entre las múltiples historias que conforman la serie (una constante en la obra de JJ Abrams y de Steven Spielberg, su maestro). Pues bien, es curioso que sea precisamente el padre del protagonista el que termine apareciendo, otra vez fuera de su tumba, para abrir las puertas del Edén y recordarnos que de la muerte no nos libramos ninguno (la temática de este final me ha recordado al de A dos metros bajo tierra, aunque aquel estaba bastante mejor ejecutado). Incluso Lost se acaba. The End.

[Se podrían escribir, y sin duda se escribirán, cientos de páginas sobre estos cien minutos de televisión. Mi intención era ofrecer únicamente una mirada humilde y breve, seguramente sin la reflexión necesaria].

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