Crítica: Destino: Woodstock

Destino: Woodstock, critica

Título: Destino: Woodstock
Título original: Taking Woodstock
Director: Ang Lee
Duración: 110 minutos
Fecha de estreno en España: 25 de septiembre
Intérpretes: Demetri Martin, Dan Fogler, Henry Goodman, Liev Schreiber
Destino: Woodstock, trailer y póster español
Trailer: Taking Woodstock
¿Debo ir a verla? ★★½☆☆ Empieza bien hasta que se pone plan alucinógeno, perdiendo de vista todo lo logrado. Por otra parte es lógico, tratándose de Woodstock.

Elliot es un joven judío que, a finales de los sesenta, vive con sus padres y con la sensación de que se está perdiendo todo lo bueno de la época. Poco imagina que, de la noche a la mañana, se va a convertir en el principal responsable del mayor y más trascendente concierto de la historia… y a tener a todo el «flower-power» hippie en su jardín. Porque lo que en su pueblo se va a celebrar es nada menos que el festival de Woodstock.

Lo ultimísimo de Ang Lee apuesta por la reproducción de época por la vía nostálgica e inocente, algo así como una mirada más positiva y más optimista a lo que el director logró con La tormenta de hielo. El fresco de la época está logrado, tanto en sus episodios rurales como en los más hippies, mostrados con una perfección fuera de toda duda, y Ang Lee dirige con seguridad el cotarro hasta más o menos la mitad del mismo.

Pero he aquí que una vez los pasajes más decididamente humorísticos de la historia se agotan (los que engloban la animadversión de los conservadores vecinos del pueblo a la consabida invasión hippie, así como algunos jugosos detalles de la organización del concierto) cuando Destino: Woodstock pierde algo de su agradable fuelle. No digo que no tenga su sentido en un film como éste, pero hasta ese momento el film se disfrutaba y todo queda interrumpido, aunque todo parece una opción deliberada por parte de Lee y James Schamus, su guionista habitual.

Ang Lee se sumerge entonces en las alucinógenas juergas de todos los allí congregados con una vocación casi documental, dando la sensación de que todo lo contado, incluido el encuentro consigo mismo del joven Elliot, se queda en pausa. No dudo de que dicha manera de afrontarlo no sea la adecuada para un evento como el retratado, pero en ese momento desapareció lo que me atraía de la película.  Uno pierde de vista a sus personajes en la multitud, dando la sensación de que ésta se agota mucho antes de su punto y final. Y para documental, pues ya está el de Michael Wadleigh.

No obstante, me interesa resaltar los aspectos positivos de Destino: Woodstock, pese a que lo anterior me pesa bastante. El film logra crear sensación de expectación ante el evento, y tiene un extraño y cándido atractivo. Goza también de un espléndido diseño de producción que reproduce muy bien lo que allí ocurrió, y el film no está nada mal cuando navega entre la comedia costumbrista y el retrato de esa época -o más bien, de ese momento paradigmático-. Ang Lee utiliza su estilo limpio y destilado de todo cinismo para conseguir una pronta simpatía hacia Elliot –el desconocido cómico Demetri Martin-, para interesarnos por la historia, y presentar algunos momentos hilarantes –atención al personaje de Liev Schreiber- .

Es interesante también como a Lee no le interesa nunca el propio concierto –jamás visualiza el escenario- sino el hacer un fresco de lo que alrededor del mismo ocurrió. Pese a que pierde de vista sus personajes por el camino, sí es cierto que tampoco nos ahorra algunos de los puntos oscuros y dudas de tan valioso momento. Lee lo examina con curiosidad, respeto y cierta vocación historicista, preguntando al espectador si sería posible, o necesario, otra revolución pacífica como la que allí tuvo lugar.

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