Crítica: Drive

Crítica de Drive, dirigida por Nicolas Winding Refn

Título: Drive
Director: Nicolas Winding-Refn
Género: thriller
Fecha de estreno: 28 de diciembre
Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Albert Brooks, Ron Perlman
Drive, trailer español
Homenaje animado a Drive
¿Debo ir a verla? ★★★★☆ Inclasificable thriller tan épico como oscuro, con un componente de horror muy original.

Un protagonista anónimo y misterioso, tan heroico como violento, que trabaja de especialista de Hollywood de día y de conductor para criminales de noche. Una relación amorosa con una joven madre que pone en peligro las vidas de todos ellos. Y naturalmente, un golpe en el que todo sale mal. Estos, y unos pocos elementos más, todos ellos tremendamente convencionales sobre el papel, han servido al director Nicolas Winding-Refn para facturar uno de los thrillers más extraordinarios de los últimos tiempos, tanto por el nivel de los resultados, como por su tono poco común.

En la batidora de Winding Refn, como en la de Tarantino, cabe realmente de todo. Drive parece una mutación entre el thriller de los setenta, el actioner de los ochenta y un psycho-thriller de contornos pesadillescos, en cuya espina dorsal habita un neo-noir que actualiza el mito del hombre sin nombre visto en ‘Driver’, de Walter Hill, o en la trilogía del dólar de Sergio Leone. Todo ello y como en el caso del realizador de ‘Malditos bastardos’, sin que la cinta parezca un híbrido sin personalidad. Al contrario, personalidad es lo que le sobra a Drive. Su atmósfera nocturna, extraña y enferma (reforzada por la ecléctica selección musical), su gusto por la violencia sanguinolenta y el grand guignol, conviven con un guión escueto y minimalista destinado a crear sombras sobre todas aquellas referencias, forzadas a convivir en extraña armonía en una de las cintas visualmente más seductoras facturadas por Hollywood.

Winding Refn orquesta con tanta parsimonia como contundencia los sucesos de un thriller que por lo demás, resulta una película inclasificable, que provoca sensaciones encontradas hasta llegar al entusiasmo. Y lo hace con una labor de puesta en escena simplemente apabullante, que engloba desde la fotografía de Newton Thomas Sigel hasta la banda sonora de Cliff Martinez, habitual en las cintas de Soderbergh. El cuidado del realizador danés a la hora de confeccionar cada plano me recordó -salvando las distancias- a la meticulosidad del mejor David Fincher, su uso del sonido, o de la ausencia de él, está dirigido a impactar al personal sin nunca perder la sutileza. Y qué decir de su violencia, que tarda media película en aparecer (al igual que el par de persecuciones que la adornan), pero que en cada breve estallido salpica la pantalla de sangre y trozos de hueso. Drive es pura y simple evasión, pero evasión de una intelectualidad casi sensorial, un thriller siniestro y a la vez, épico de una manera cómica y contemporánea (atención aquí a la labor como villanos de Ron Perlman y Albert Brooks). En definitiva, una cinta que se ama o se odia pero también, indiscutiblemente, uno de los mejores trabajos cinematográficos del año.

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